Texto trasladado acá.
No soy muy original: me interesan algunas mujeres, el fútbol, la filosofía, la literatura, la música-especialmente el rock-, la política, el cine, las ciencias sociales… Me hubiera gustado jugar en la primera de Boca y salir campeón mundial con la selección argentina de fútbol, pero no me alcanzó el talento. Tengo pendiente salir campeón con mis amigos de algún torneo amateur. Escribo por varias razones, pero fundamentalmente para que me quieran.
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lunes, 14 de octubre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
LA "DIVERSIÓN OBLIGATORIA" SEGÚN DAVID FOSTER WALLACE
“Tengo treinta y tres años y la impresión de que ha pasado
mucho tiempo y que cada vez pasa más deprisa. Cada día tengo que llevar a cabo
más elecciones acerca de qué es bueno, importante o divertido, y luego tengo
que vivir con la pérdida de todas las demás opciones que esas elecciones
descartan. Y empiezo a entender cómo, a medida que el tiempo se acelera, mis
opciones disminuyen y las descartadas se multiplican exponencialmente hasta que
llego a un punto en la enorme complejidad de ramificaciones de la vida en que
me veo finalmente encerrado y atrapado en un camino y el tiempo me empuja a
toda velocidad por fases de pasividad, atrofia y decadencia hasta que me hundo
por tercera vez, sin que la lucha haya servido de nada, ahogado por el tiempo. Es terrorífico. Pero como son mis propias elecciones las que
me encierran, me parece inevitable: si quiero ser adulto, tengo que elegir, lamentar
los descartes e intentar vivir con ello.
No sucede así en el lujoso e impecable ‘Nadir’. En un
Crucero de Lujo 7NC, pago por el privilegio de cederles a profesionales
cualificados la responsabilidad no solamente de mi experiencia sino de mi
interpretación de esa experiencia: es decir, de mi placer. Mi placer es
gestionado de forma eficaz durante siete noches y seis días y medio… Tal como
me prometieron en la publicidad de la línea de cruceros. No, tal como alguien
ya llevó a cabo en los anuncios, con sus imperativos de segunda persona, que los
convierte no ya en promesas sino e predicciones”. (DAVID FOSTER WALLACE, Algo supuestamente divertido que nunca
volveré a hacer, reseña de su experiencia a bordo de un crucero de lujo en
1996).
Para seguir leyendo:
American Splendor y el nihilismo
Para seguir leyendo:
American Splendor y el nihilismo
sábado, 31 de agosto de 2013
LA IRONÍA NO SIEMPRE ES LIBERADORA
Estuve leyendo Conversaciones con David Foster Wallace, donde el escritor estadounidense dice algunas cosas piolas sobre cierta capacidad tiránica, incluso corrosiva, del uso de la ironía en nuestra moderna sociedad de consumo.
Casi desde antes de nacer, hemos sido bombardeados por mensajes plagados de giros sarcásticos, conductas cínicas e ironías disfrazadas de autenticidad. Nos criamos viendo programas muy buenos, como Los Simpsons, Padre de Familia o South Park; aunque alguna vez, la atracción adolescente por el sarcasmo nos pudo hacer pensar que personajes como Pettinato o Lanata eran tipos piolas.
Sin embargo, para Wallace, la ironía estadounidense se basa en no tomarse los sentimientos demasiado en serio, lo cual puede ser corrosivo más que liberador. En cierto modo, el uso de la ironía refiere a la sugerencia de que "no estoy diciendo en serio lo que estoy diciendo".
La ironía actual usualmente esconde "el terror de parecer sentimental o melodramático o manipulativo de una forma anticuada. (...) Mientras se finge que la ironía en sí misma no es manipulativa, se utiliza rigurosamente para vender productos".
En fin, los dejo con dos citas que me dejaron pensando:
"El sarcasmo, la parodia, el
absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para
mostrar la realidad desagradable que hay tras ellas. El problema es que una vez
desacreditadas las reglas del arte, y una vez que las realidades desagradables
que la ironía diagnostica son reveladas y diagnosticada, ¿qué hacemos entonces?
La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayoría de las ilusiones
desacreditadas en los Estados Unidos ya se han hecho y rehecho. Una vez que
todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada, ¿qué hacemos
ahora? [...] Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando
las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí
mismas, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario.
Pocos artistas se atreven a hablar de lo que falla en los modos de dirigirse
hacia la redención, porque les parecerán sentimentales e ingenuos a todos esos
ironistas hastiados. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran
ensayo en algún sitio que contiene una línea acerca de que la ironía es la
canción del prisionero que llegó a amar su jaula" (David Foster Wallace)
La otra es del Corvino:
Radiohead me salvó de Pergolini.
Una vez lo escuché reírse de “No Surprises”. No recuerdo por qué, lo
consideraba un bajón o algo así, seguro que prefería Limp Bizkit. Y ahí pensé:
“Este tipo es un idiota”. Evaluación que fue comprobada a través de los años.
Hoy pienso que Pergolini le hizo mucho más daño a la cultura que Tinelli. Soy
de los que creen que alguien con un micrófono y una gran audiencia tiene cierta
responsabilidad. Pergolini les vendió mierda a sus fans haciéndola pasar por un
producto inteligente y elaborado. Detrás del envoltorio cool se escondían la
misoginia, la homofobia (pregúntenle a Leo García), la anti política, el
clasismo y la música mala. ¿Existe algo más ridículo que hacer compilados de
funk y reggae? ¿Cuál era el gran avance de Cuatro Cabezas? ¿Mover rápido la
cámara? ¿Ponerse anteojos de sol? “Ruocanpop, exclusivo ruocanpop”. Qué pedazo
de tilingo, por dios. Por si fuera poco, llenó el espectro mediático de
discípulos, conductores cancheros que no saben nada pero se ríen de todo,
mientras ejercen un cinismo propio del colegio Secundario. Tinelli, en cambio,
no engañó a nadie, jamás pretendió aparentar más de lo que era. Era una mierda
en 1990. Es una mierda ahora. Y dentro de 20 años también.
sábado, 24 de agosto de 2013
UNA HISTORIA CHINA
Érase una vez un pintor que llegó a viejo, luego de dedicar toda su vida a un único cuadro. Una vez que lo hubo terminado, invitó a los amigos que todavía le quedaban para mostrarles su obra: en ella se veía un parque, y entre los prados un estrecho camino que conducía a una casa situada en lo alto de la montaña.
Cuando los amigos, listos para dar su opinión, se giraron hacia el pintor, éste ya no estaba junto a ellos. Miraron de nuevo hacia el cuadro: estaba ahí, recorriendo la suave pendiente del camino; abrió la puerta de la casa, se paró un momento, se volvió, sonrió, les dio nuevamente la espalda y cuidadosamente cerró tras de sí la puerta dibujada.
FIN
Aquí, otro post "chino".
Y si quieren "música china" hecha en Bernal, acá tienen un tema de un gomía de la infancia.
FIN
Aquí, otro post "chino".
Y si quieren "música china" hecha en Bernal, acá tienen un tema de un gomía de la infancia.
viernes, 19 de julio de 2013
BERTRAND RUSSELL: AUTIOBIOGRAFÍA
Acabo de comprar la Autobiografía de Bertrand Russell (1872-1970), publicada originalmente en Londres en 1967 (1872-1914), 1968 (1914-1944) y 1969 (1944-1967).
Ya desde el prólogo -que lleva por título "Para qué he vivido"- el lector recibe un cross a la mandíbula:
"Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.
He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo (...)
El amor y el conocimiento, en la mediada en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor".
Y ya está, no quiero agregar nada más. Vayan a una librería cercana, pregunten si lo tienen en stock, gasten unos buenos mangos y lean lo que escribió un pensador extraordinario.
miércoles, 22 de mayo de 2013
GAME OF THRONES: CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO I
Borges, casi en profética referencia a Rogelio Funes Mortis, decía
que “la inminencia de una revelación que
no se produce es, quizá, el hecho estético”.
Tal vez uno de los secretos
del éxito de Game of Thrones, más
allá de la campaña mediática, radique en cierta capacidad de los guionistas para
mantener el misterio, la acción y la tensión dramática hasta el final.
Pero más que de la serie, hoy quiero hablar del primer tomo de los cinco ladrillos de papel titulados Canción de Hielo y Fuego,de George R. R. Martin.
Ustedes me conocen, y saben que soy un loco bárbaro, un
aventurero, un amante de la adrenalina; por eso es que decidí mandar a pasear a
mi Pepe Grillo literario –que es bastante esnob y georgesteineriano- y me compré los cinco libros de Canción de hielo y fuego. El bolsillo
me sangró bastante, dado que me gasté casi 1000 mangos de un saque, como en su
momento hiciera el Diegote (?).
No conforme con Elio (Rossi) (1), terminé de mirar hasta el
8vo capítulo de la tercera temporada de la serie, con lo cual, parafraseando al
Indio: “buenas historias, sabrosas telefotos, ¡a tragar sin culpa!”
Un psicoanalista amigo me dijo:
-
“Mirá Rodrigo, ¿no te parece que tanta
justificación estética puede tener algo que ver con un sentimiento de culpa literaria
no suficientemente elaborado? Si te gustan las milanesas con papas fritas, no
hay por qué angustiarse. A Adrián Suar le fue bastante bien con esa
cosmovisión; en cambio vos escribís un blog que no lee nadie, te hacés el sofisticado y sos un
pelagatos. Contáme un poco: ¿cómo era la relación con tu mamá?”
-
Vea Doctor, ¿lo puedo tutear? ¡Váyase
a la tuta que lo tatió!... Es un chiste, Doctor, no se ofenda. Ocurre que tengo
pendientes un montón de libros muy grosos, y este hijo de puta escribió como 5
mil páginas. Entienda que cada libro que uno lee es un libro que deja sin leer.
No se puede vivir todas las vidas Doctor. ¡Tengo ansias de infinito, Doctor! Además
me pasa que, cuando comienzo a ver un partido de Boca, me suben ganas de
sentarme a mirar un capítulo de “Game of Thrones”. A propósito, ¿qué le pasa a Clemente
Rodríguez Doctor, tomó nesquick vencido? ¿Y vio lo que es la defensa? ¡Un flan! Disculpe... ¿en qué estábamos?... Ah sí, ¿me preguntaba por mi vieja? Es
re macanuda, Doctor. Me llevo re bien. Con la que me llevo mal es con la madre
de Clemente Rodríguez, que tiene la pelada de Roberto Carlos pero no para ni el
bondi. ¡La vivo puteando Doctor!
Porque muchachos y muchachas, no jodamos: a diferencia de la defensa de boca, la “gran
literatura” existe, y está representada por la obra de tipos como Kafka, Proust,
Borges… El amigo George no califica ni de cerca en el panteón literario. Y sin
embargo, porque la vida está llena de sin embargos: empezar a leer el primero
de los cinco tomos no deja de ser un placer.
Habrá quienes crean, esgrimiendo buenas razones, que se
necesita más imaginación para escribir como Bukowski que para narrar “El señor de los anillos”. En lo
personal me suelen gustar más los escritores capaces de volver extraño lo
cotidiano, que aquellos que pueblan sus páginas llenándolas de seres
imaginarios y mitológicos. Si bastara con elaborar monstruos y dragones, mi
sobrino Mariano escribiría mejor que Dino Buzzati.
La crítica obvia es que tipos como Bukowski tienen tendencia a ser "autobiográficos". Y la respuesta un poco menos obvia se basa en que la literatura suele ser no "autobiográfica", sino "autoreferencial". ¿O acaso el poema de los dones de Borges no hace referencia a su ceguera?
Y además le confieso, Doctor, que nunca leí a Tolkien: a esta altura de mi vida ya no creo que lo haga. Sus personajes buenos son rubios, lindos y eternos; mientras que los malos
son negros y feos... Siguiendo con la honestidad, debo decir que de Bukowski leí poco y nada.
Pero como opinar es gratis, les ilustro la idea con una cita del escritor uruguayo Gustavo Escanlar, que en cierto sentido se podría calificar de “bukowskiano”, si es que
nos gusta poner etiquetas:
“4. Uno llega a este estado de frigidez y congelamiento que
llamamos vida cotidiana por miedo. Toda mi vida tuve miedo. Miedo a mis padres,
a los maestros, a la policía, a los profesores, a los estudiantes que tiraban
piedras, a Narciso Ibáñez Menta. Miedo a que los niños más grandes, los de
quinto o los de sexto, me cagaran a patadas. Miedo que los pupilos del colegio
me cogieran, como se lo cogieron a Bertolotti en el baño. Miedo a ser maricón,
trolo, puto, homosexual, centauro. O a que los demás pensaran que lo era. Miedo
a que a la salida de The Wall un milico leyera mis pensamientos y me llevara en
cana. Miedo a desaparecer, a que me metieran la picana. Miedo al ridículo, a la
exclusión, a la marginación, miedo a que nadie quisiera bailar conmigo en las fiestas
de quince, miedo a que no me gustara la música cool, a ser terraja. Miedo a
quedarme sin trabajo, miedo a no tener casa, miedo a no tener guita”.
No sé si será autobiográfico, autorreferencial, hiperrealista, surrealista o esdrújulo, pero a mí me parece que está bastante bien.
Pero vayamos al punto:
A juzgar por varios pasajes en los que se alude al chupi o al
morfi, es evidente que George R. R. es un “gordo de alma”: “(…) Illyrio esbozó una sonrisa enigmática y arrancó un ala al pato. La
miel y la grasa le corrieron por los dedos y le gotearon por la barba cuando mordisqueó
al carne tierna”.
Y en la página siguiente: “Se
atiborraban de carne de caballo asada con miel y chiles, bebían leche
fermentada de yegua y los excelentes vinos de Illyrio hasta embriagarse por
completo (…)”.
Tal vez no sea casualidad que el personaje favorito del autor sea, según confesó alguna vez, Tyrion Lannister: un enano sarcástico, mujeriego y bebedor; y también honesto, sabio y sensible.
No creo ser muy original si digo que mis dos personajes preferidos son Tyrion Lannister y Arya Stark: posiblemente sean los dos más "queribles".
Abundan los fragmentos que son mezcla de Tolkien y
Maquiavelo, por así decirlo:
"Te lo juro,
sentarse en un trono es mil veces más duro que conquistarlo. La ley es un
asunto tedioso y contar calderilla aún más. Y los súbditos... siempre hay
súbditos, siempre, y todos quieren verme. Me tengo que sentar en esa maldita
silla de hierro y escuchar sus quejas hasta que se me queda la mente en blanco
y el culo en carne viva. Todos quieren algo, dinero, o tierras, o justicia. Y
las mentiras que me cuentan... ni te imaginas. Y las damas y caballeros de mi
corte son iguales. Estoy rodeado de imbéciles y aduladores. Es como para
volverse loco, Ned. La mitad de ellos no se atreven a decirme la verdad, y la
otra mitad no la sabe". (Robert Baratheon, rey; a Ned Stark, el mano del rey)
No tiene sentido comentar mucho más del contenido de una obra que es clara y límpida como el agua mineral. Si tienen ganas de pasar un buen rato, y prefieren no devanarse los cesos leyendo libros difíciles como los de James Joyce, o angustiarse con las composiciones de Fernando Pessoa, se pueden comprar una botella de tinto, una buena picada, y sentarse tranquilos a leer al Gordo Martin.
(1) ¡Dejáte de joder! ¿Cómo vas a estar
conforme con Elio Rossi? Es como estar de acuerdo con Fernando Niembro. ¡¡Nalocúra!!
viernes, 18 de enero de 2013
ALGUNAS LECTURAS. MARIO LEVRERO Y ROBERTO BOLAÑO SEGÚN PABLO RAMOS. Y ASÍ SE ME VA LA VIDA, ESCRIBIENDO POST INTRASCENDENTES
La gran ventaja que tiene laburar en Tribunales es que las vacaciones de verano duran todo enero; con lo cual aproveché para irme un finde a Gualeguaychú y ponerme al día con la lectura. Les dejo algunas reflexiones y citas medio dispersas:
FABIÁN CASAS Y UNA RESPUESTA DE ONETTI
Leyendo una entrevista que un tal Alfredo Barnechea le hizo
al escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, doy con la siguiente respuesta:
“Uno de los
descubrimientos más terribles, el más
terrible, que tuve de muchacho, fue de que todas las personas que yo quería se
iban a morir algún día. Eso me pareció absurdo, y de esa impresión no me he
repuesto todavía. No me repondré nunca”.
Inmediatamente recordé un fragmento de Los veteranos del pánico, de Fabián Casas:
“Tenía un pensamiento
recurrente: ‘Un día voy a morir, mis viejos van a morir, mi hermano se va a
morir, y nunca, pero nunca más vamos a volver a estar vivos’”.
Soy una persona que siempre trata de combatir cierta
tendencia innata a la melancolía, y a pesar de –o precisamente por- eso, me
atrae la lectura de muchos escritores medio depresivos. Todos sabemos que la
alegría tiene componentes éticos muchas veces más útiles que la melancolía: el triste
suele necesitar ayuda, el alegre tiene mayor predisposición a darla. La
tristeza es solitaria, la alegría es más social. Y así...
A lo que sí le escapo es a cierta “gravedad metafísica”, que
tiene mucho de pedantería disfrazada. Todo este introito viene a cuento porque,
boludeando por diversos blogs, leo algo que Ramos puso en su página personal. Aquí tienen el link:
LO QUE PABLO RAMOS DIJO DE MARIO LEVRERO Y SUS EPÍGONOS
“Mario Levrero, y bueno
qué decir: de lo peor. Le hubiera convenido seguir con los comics, porque en
los globitos entran pocas palabras ¿viste? Me parece un escritor torpe y opaco,
pero sobre todo falso. De estos que dicen la palabra “diamante” y yo pienso
inmediatamente en un pedazo de plástico marrón. Y si dicen “el amor de una
joven hermosa” yo pienso en un viejo con pañales llenando de baba a una
adolescente drogada o en coma farmacológico. Qué querés, es “involuntario” como
su trilogía. Por suerte hay trilogías voluntarias, pensadas, escritas por un
motivo, corregidas hasta morir. No es el caso de Levrero lo sé y claro, la moda
más actual es destacar defectos como virtudes, declararlos defectos
voluntarios. Yo llamo a eso hipocresía.
Este hombre (habrá sido
un muy buen hombre) es un escritor de segunda línea que hoy se pone en la
categoría de maestro con una clara intención: bajar un poco el cielo literario
al que debemos apuntar los que nos tomamos enserio la escritura. Hacerla más
fácil. Ojo que él no tiene la culpa, él es el menos Levrero de los Levreros, al
menos no le pidió nada a nadie. Pero….”
Entiendo que el tipo no tiene porqué compartir mis gustos,
pero me pareció una respuesta pedante, arbitraria y bastante injusta. Al
menos para mí, tanto Roberto Bolaño como Mario Levrero me parecen escritores
admirables. A propósito: El origen de la
tristeza y La ley de la ferocidad
están muy bien.
Por un lado, Ramos vende un discurso de escritor
sartreano comprometido y anti mercado, y por el otro se la pasa saludando a “su
agente” y a “su editora de Alfaguara” cada vez que tiene la oportunidad. Francamente, no me parece que Alfaguara sea una editorial muy marginal, ni que esté muy en
contra del capitalismo salvaje. En fin, pese a ciertas actitudes medio
ernestosotanianas, en el sentido de que se toma a sí mismo demasiado en serio,
Ramos escribe muy bien.
RAZONES PARA LEER
Me sentí identificado con la respuesta que dio Martín Kohan aquí. En principio dijo algo que, en mayor o menor medida, hemos experimentado casi todos los que dimos clase en un colegio secundario: los consejos a favor de la lectura, sobre todo bajo la forma de sermones, no suelen dar resultado.
Convengamos en que es difícil aconsejarle que lea a un pendejo que está en la secundaria porque: 1) en general tiene ganas de estar en cualquier otro lado antes que permanecer encerrado en el aula escuchando hablar de Borges; 2) hay montones de mensajes masivos que obran en contra sugiriéndole que se tiene que sentir culpable si no es bello, tiene guita y/o es "exitoso"; y la lectura no sirve para ninguna de las tres cosas; 3) le recomienda leer alguien que por lo general no es lindo, no es famoso, no sale con una modelo y tampoco cobra un gran sueldo. Ok, estoy exagerando, pero algo de eso hay.
¿Cuál es el método más seguro? Que el profesor tenga
auténtica pasión por la literatura, y la sepa transmitir de modo más o menos indirecto, y nunca bajo la forma del sermón pedagógico.
Siguiendo con lo que dice Kohan, diré que a mí también me cuesta entender cómo
puede haber gente que viaja horas y horas en micro, con la mirada perdida en un paisaje anodino,
sin leer ni tan siquiera media página. Es cierto que además de la lectura, la
música y el sueño hacen llevadero el viaje, pero…
Respecto a quienes afirman, de modo tajante, que no les gusta leer. ¿En serio? ¿Habiendo tantos libros y autores
diferentes? Es casi como decir "no me gusta comer". Es muy difícil que no exista cuantimenos un autor que no haya escrito algo que, en
determinado momento, no parezca estar dirigido exclusivamente a vos.
jueves, 3 de enero de 2013
LO QUE MILENA JESENSKÁ DIJO DE KAFKA
¡Qué mina interesante debió ser Milena Jesenská-Pollack! Estuve leyendo la edición de las cartas que le dirigió Kafka,
traducidas por el escritor Rodolfo Wilcock. Era trece años menor que él,
apasionada, inteligente y bastante bonita. Dicen que lo comprendió como no lo había hecho
ni lo haría ninguna mujer. Esta semblanza suya sobre Kafka me pareció maravillosa:
"Las cosas son así: en apariencia,
todos somos capaces de vivir, porque en algún momento nos refugiamos en la huida,
en la ceguera, en el entusiasmo, en el optimismo, en una creencia, en el
pesimismo o en cualquier otra cosa. Pero él nunca se ha refugiado en ningún
caparazón, en ninguno. Es totalmente incapaz de mentir, igual que es incapaz de
emborracharse. No tiene el menor refugio ni techo que lo cobije. Por eso está
expuesto a todas las cosas de las que los demás estamos a salvo. Es como
alguien que anduviera desnudo entre personas vestidas. Todo lo que dice, lo que
es, lo que vive, ni siquiera es verdad. Es un puro existir sin más, carente de todos los ingredientes que
podrían ayudarle a vivir efectivamente la vida, en belleza o en miseria, es
igual. Y su ascetismo no tiene nada de heroico… Todo “heroísmo” es mentira y
cobardía. No es una persona que se construya su ascetismo como medio para
obtener algún fin; es una persona que se ve forzada al ascetismo por su
terrible clarividencia, su pureza y su incapacidad de pactar… Sé que no se
resiste a la vida, sino solo a esa manera de vivir”.
Y también recuerda la primera vez que se conocieron:
“Conocí su miedo antes de conocerle a él… En los cuatro días que pasó a mi lado, lo perdió. Nos reímos de su miedo… No hacía falta el menor esfuerzo, todo era fácil y claro… Durante esos días, su enfermedad se nos antojó como una especie de leve resfriado”.
“Conocí su miedo antes de conocerle a él… En los cuatro días que pasó a mi lado, lo perdió. Nos reímos de su miedo… No hacía falta el menor esfuerzo, todo era fácil y claro… Durante esos días, su enfermedad se nos antojó como una especie de leve resfriado”.
Kafka, por su parte, le escribió a su amigo Max Brod:
"(Milena) es un fuego viviente como no he visto nunca otro... Y al mismo tiempo extremadamente tierna, valiente, inteligente, y lo pone todo en su sacrificio, o, si se quiere, lo consigue todo por el sacrificio".
martes, 1 de enero de 2013
LO QUE BOLAÑO LE DIJO A VILA MATAS
Me gustó mucho algo que Bolaño le contó a Vila Matas respecto a su afición por leer historias relatadas por escritores primerizos.
Me pareció muy certero: ¿quién no ha conocido personas "comunes y corrientes" cuyas historias y anécdotas, relatadas por un narrador sensible, receptivo y con cierto dominio de la palabra escrita, no podrían llegar a ser oro en polvo?
Me pareció muy certero: ¿quién no ha conocido personas "comunes y corrientes" cuyas historias y anécdotas, relatadas por un narrador sensible, receptivo y con cierto dominio de la palabra escrita, no podrían llegar a ser oro en polvo?
lunes, 24 de diciembre de 2012
CUANDO COPI PREFIGURÓ UN VESTIDO DE LADY GAGA
En La guerra de las mariconas (1982),
un texto de Copi - plagado de situaciones delirantes- hay un fragmento que
prefigura a Lady Gaga y su famoso vestido de carne. Allí se narra la vestimenta
de una tribu de travestis y homosexuales brasileños llegados a Francia:
“Estaban vestidos, y no miento,
con carne. Uno llevaba un collar de tripas anudado alrededor del cuello, y nada
más; otro se había hecho un sombrero con una pavita; algunos llevaban vísceras
verdaderamente repugnantes; uno se había hecho una suerte de corpiño de
plástico que rebosaba de bofe e hígado, otro tenía un conejo despellejado entre
los dientes”.
La obra, escrita originalmente en francés, me pareció una de las más entretenidas que leí en mucho tiempo. Es cierto que la temática y el estilo de escritura, luego de cierto tiempo, dejan de sorprender, y hasta pueden resultar tediosas.
Súbitamente aparece Michel Foucault tirado en unas baldosas, Margarite Duras en posición fetal y adentro de un tacho de basura; en otra escena le cortan la cabeza a un negro con cara de gorila y alguien se pone a jugar al fútbol con el cráneo, y así siguiendo.
En medio de todo este candombe, hay espacio para las reflexiones metafísicas:
“El placer es como el nacimiento
o como la muerte, nos ocurre una sola vez, pero al nacimiento lo olvidamos y a
la muerte la ignoramos; el placer es ese único instante de éxtasis cuyo recuerdo
o ilusión nos mantiene vivos. Nos ocurre solamente una vez. El resto de la
existencia, antes y después, es tan sólo una reflexión al respecto".
En fin, tengo las uñas crecidas y, en cada golpeteo que le doy al teclado, se van borrando las letras. Muy loco
todo (?). Me aburrí de escribir sobre Copi (Paste). Chau, ¡sean felices!
P.S.: Al fin terminé de ver la sexta temporada de Lost. Estuve pispeando diversas lecturas que se han hecho de la serie, y algunas me parecieron exageradísimas. La visión de Daniel Link, por caso, se zarpa en esnob. Prefiero los minuto a minuto que en su momento escribió el Corvino. Me mudé a Dexter, y la verdad es que estoy re contento con el nuevo barrio. La casa queda en Miami.
P.S.: Al fin terminé de ver la sexta temporada de Lost. Estuve pispeando diversas lecturas que se han hecho de la serie, y algunas me parecieron exageradísimas. La visión de Daniel Link, por caso, se zarpa en esnob. Prefiero los minuto a minuto que en su momento escribió el Corvino. Me mudé a Dexter, y la verdad es que estoy re contento con el nuevo barrio. La casa queda en Miami.
domingo, 5 de agosto de 2012
domingo, 29 de julio de 2012
NO SUFRAS POR ESA MINA: ¡ES UNA IDIOTA, NO VALE LA PENA!
"Ese pobre Swann –dijo aquella noche la princesa a su marido- sigue tan
simpático como siempre, pero tiene un aire tristísimo. Ya le verás, porque ha
dicho que va a venir a cenar una noche. En el fondo me parece ridículo que un
hombre de su inteligencia sufra por una persona de esa clase, y que, además, no
tiene ningún interés, porque dicen que es idiota”, añadió, con esa prudencia de las gentes que no
están enamoradas y que se imaginan que un hombre listo no debe sufrir de amor
más que por una mujer que valga la pena; que es lo mismo que si nos
asombráramos de que una persona se digne padecer del cólera por un ser tan
insignificante como el bacilo vírgula”. (Marcel Proust, “Por el
camino de Swann”)
Desde la primera vez que lo leí, ese fragmento del primer tomo de En busca del tiempo perdido me pareció maravilloso. Y es que con frecuencia ignoramos, fingimos ignorar u olvidamos que el amor-pasión es, antes que nada, una ilusión; una especie de fantasma que habita en la imaginación enfermiza de quien ama.
Desde la primera vez que lo leí, ese fragmento del primer tomo de En busca del tiempo perdido me pareció maravilloso. Y es que con frecuencia ignoramos, fingimos ignorar u olvidamos que el amor-pasión es, antes que nada, una ilusión; una especie de fantasma que habita en la imaginación enfermiza de quien ama.
miércoles, 4 de julio de 2012
KAFKA: ÉRASE UN BUITRE A UNA NARIZ PEGADO
Hay autores que nos hacen sentir que
la lectura es una de las formas de la felicidad: no es el caso de Kafka.
Hay obras en las cuales el acontecimiento, si está bien narrado - con ese arte de parecer sin arte que es tan necesario al estilo- le parece natural al lector. Pero hay otras, que son más raras, en las que es el personaje quien encuentra natural lo que le sucede, mientras que el lector se queda un poco perplejo, con cierta sensación de incertidumbre, de comprensión falsa. Eso es lo que hace que muchos hayan comparado las narraciones kafkianas con sórdidas pesadillas, aunque escritas en un estilo límpido y claro.
Hay obras en las cuales el acontecimiento, si está bien narrado - con ese arte de parecer sin arte que es tan necesario al estilo- le parece natural al lector. Pero hay otras, que son más raras, en las que es el personaje quien encuentra natural lo que le sucede, mientras que el lector se queda un poco perplejo, con cierta sensación de incertidumbre, de comprensión falsa. Eso es lo que hace que muchos hayan comparado las narraciones kafkianas con sórdidas pesadillas, aunque escritas en un estilo límpido y claro.
Y es que, al decir de Hanna
Arendt: “el alemán de Kafka es a la
infinita variedad de estilos lingüísticos posibles, lo mismo que el agua a la
infinita variedad de posibles bebidas”. Su modo transparente y natural de
redactar acontecimientos atroces, hace que la sensación de horror se
incremente.
Cuando miramos alguna escena de
películas como Chuky, el muñeco
diabólico, tenemos ganas de gritarle al protagonista, que está en peligro
mortal: “¡loco, encajále una patada a ese muñeco de mierda, que vuela con cuchillo
y todo! ¡No te quedes acostado que te va a matar!”. Pero claro, es una especie de pesadilla y en las pesadillas somos impotentes; queremos huir y nos tropezamos, o permanecemos en el mismo lugar, sin importar cuántos pasos hayamos dado. La diferencia entre Kafka y Chuky es que, en Kafka, el protagonista suele aceptar su destino casi sin oponer resistencia.
Según Borges, el Bartleby de Hermann Melville prefigura
a Kafka: el protagonista es un hombre oscuro que, en determinado momento, se
niega tenazmente a la acción, bajo el pretexto de que “preferiría no hacerlo”.
Si leen las Cartas de Kafka a
Felice Bauer, notarán que el tipo era muy parecido a su obra; veía
imposibilidades por todos lados: imposibilidad de casarse, imposibilidad de no
casarse, imposibilidad de vivir de la literatura, imposibilidad, imposibilidad…
- "¿Flaco, vos pretendés descubrir el agua caliente? Eso que estás diciendo lo sabe hasta Luis Majul".
- "Está bien, tenés razón. Te dejo para que leas El buitre que está buenísimo":
- "¿Flaco, vos pretendés descubrir el agua caliente? Eso que estás diciendo lo sabe hasta Luis Majul".
- "Está bien, tenés razón. Te dejo para que leas El buitre que está buenísimo":
EL BUITRE (FRANZ KAFKA)
Érase un buitre que me picoteaba
los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias; ahora picoteaba ya
directamente los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos
alrededor y luego proseguía su obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me
preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso –le dije-, vino
y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé retorcerle el
pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara.
Preferí sacrificar los pies:
ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar –dijo el
señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? –pregunté-, ¿quiere
encargarse usted del asunto?
-Encantado –dijo el señor-; no
tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
-No sé –le respondí, y por un
instante me quedé rígido de dolor; después añadí-: por favor, pruebe de todos
modos.
-Bueno –dijo el señor-, voy a
apurarme.
El buitre había escuchado
tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y
yo.
Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr
el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en
mi boca, profundamente.
Al caer de espaldas sentí, como
una liberación, que él bebía implacablemente la sangre que llenaba todas mis
profundidades y desbordaba todas las orillas.
martes, 3 de julio de 2012
EN BUSCA DE MARCEL PROUST (1871-1922)
Entiendo que una época tan llena de
youtube, playstations, banda ancha y cuevana, no es muy propicia para que cualquier
aficionado a la lectura se digne a leer y disfrutar de los siete tomos de En busca del tiempo perdido de Marcel
Proust. Vamos, que la "obrita" tiene más de 200 personajes, cerca de 4 mil páginas en francés,
o alrededor de un millón de palabras.
Y sin embargo les juro por el
amor de Dios que capaz está muerto, de Nietzsche que seguramente lo está, de
Dan Brown, de Tom Hanks y de todos los ángeles y demonios que iluminan el cielo
de esta maravillosa vida de mierda que nos toca vivir, que leer esos siete
tomos puede ser una experiencia muy placentera.
Los personajes son una especie de
divertimento del autor: se la pasan todo el día hablando de arte, cenando,
haciendo bromas, paseando, enamorándose o cayendo en la desilusión. Nos da la impresión de que ninguno labura, salvo algún que otro criado que cocina o sirve la mesa. No
tienen nada de peronistas (?): no van del trabajo a casa y de casa al trabajo,
sino de casa en casa, morfando y boludeando sin cesar (porque a César no lo
invitan nunca, en parte xq es vegano y dice giladas en la mesa).
También es muy interesante la
manera en que, a través de sus personajes, Proust concibe el amor. El filósofo
alemán Arthur Schopenhauer hablaba de la atracción entre opuestos, pero
refiriéndose más que nada a características físicas; Proust, en cambio, alude a rasgos del
espíritu y del corazón. Nos dice que muchas veces detestamos lo que se nos
parece, y que por eso nuestros defectos, vistos por fuera, reflejados en otra
persona, habitualmente nos exasperan. Es así como no hay persona que deteste más a un hipster, que otro hipster equivalente; y no existe antiintelectual más furioso que un intelectual. Por eso es natural que el hombre sensible
se sienta atraído por una mujer un poco dura, porque la vista de las lágrimas
en los ojos de los demás le es penosa; el celoso se engancha con una coqueta,
que podrá satisfacer sus sentidos y hacer sufrir su corazón; el tipo cultivado
tiende a buscar, a veces, a una mujer que lo seduce con su espontaneidad
natural, un poco como la relación entre “La Maga” y “Oliveira” que se lee en Rayuela. Recuerdo una cita de Bioy:
“BORGES: ¿Por qué atrae una mujer bruta? BIOY: Atrae una mujer bruta,
una mujer sucia, una mujer mala, una mujer puta, porque es un poco
incomprensible, porque es misteriosa. BORGES: Es claro, una persona
inteligente, tiende a ser lógica, a ser comprensible (…)” (Jueves 12 de mayo de 1960)
Para Proust, muchas veces el
enamoramiento no es más que ilusión, que cierta prolongación del estado de
nuestra alma en la mujer amada. Por eso nos pasa que a veces no entendemos qué
carajo vio nuestro amigo en la mina que le gusta. De la misma manera, a tal
tipo, una mujer silenciosa le parece fácilmente inteligente, porque en su mente
amorosa le recompone las “piezas que le faltan”. Pero otro hombre, que escucha a
la mujer a sangre fría, no podría dejar de juzgarla severamente y de
sorprenderse ante lo que llamaría la aberración de su amigo. Quien no ve en un
ser más que lo que realmente se encuentra en él, no puede comprender las preferencias
del amor, que están determinadas por algo que ‘no se encuentra’ en esa persona,
sino en la mente de quien la elige como su objeto amado.
Algunas cuestiones acerca del estilo de
escritura de Proust
Un tal Middleton Murry, citado
por Nabokov, decía que cuando uno intenta ser preciso, necesariamente acaba
siendo metafórico. Las metáforas de Proust son realmente excepcionales. Para
expresar una idea no tiene problema de hacer uso del lenguaje del arte, de la
pintura, de la medicina, de la biología, de la botánica, de las matemáticas, y de
una manera tan poética y precisa que a mí me resulta francamente impresionante.
Los ejemplos metafóricos son innumerables, como aquel en el que describe a un
niño –el narrador- que no quiere irse a dormir sin que su madre suba a darle el
beso de las buenas noches:
“Y el verla enfadada destrozaba toda la calma que un momento antes me
traía al inclinar sobre mi lecho su rostro lleno de cariño, ofreciéndomelo como
una hostia para una comunión de paz en la que mis labios beberían su presencia
real y la posibilidad de dormir”.
O el ejemplo del recuerdo involuntario que es evocado cuando el narrador toma contacto con los sabores y
olores de una taza de té caliente con magdalenas:
“Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro
de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan
empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse,
convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles,
así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y
las ninfas del Vivonne y las buenas
gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus
alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia,
sale de mi taza de té”.
Para Don Vladimir, el estilo de
Proust contiene tres elementos muy característicos:
1) Gran
abundancia de imágenes metafóricas o comparaciones que se superponen capa sobre
capa. Algunos proponen llamarle “forma híbrida” entre el símil y la metáfora:
"la niebla era como un velo" de metáfora simple, "había un velo de niebla"; y
de símil híbrido, "el velo de la niebla era como un sueño de silencio", en el
que se combinan el símil y la metáfora.
2) Una
tendencia a llenar y dilatar la frase al máximo de su capacidad, a meter en el
calcetín de la frase un número prodigioso de cláusulas, frases entre
paréntesis, oraciones subordinadas de subordinadas.
3) Una
mezcla muy original de partes descriptivas y partes dialogadas, mezcladas unas
con otras, de modo tal que formen una nueva unidad en la que la flor, la hoja y
el insecto pertenecen a un mismo árbol florido.
No seas gil: una cosa es Proust, otra cosa es
Joyce. ¿Entendiste pibe?
Según Nabokov, “hay una
diferencia fundamental entre el método proustiano y el joyceano de abordar a
los personajes. Joyce presenta primero a un personaje completo y absoluto, sin
secretos para Dios ni para Joyce, a continuación lo fragmenta en trocitos, y
esparce esos trocitos por toda la extensión espaciotemporal del libro. El buen “relector” reúne estas piezas del
rompecabezas y las ensambla poco a poco. En cambio, Proust sostiene que un
personaje, un carácter, no es nunca conocido como algo absoluto sino siempre
como algo relativo. No lo trocea, sino que lo muestra tal como lo ven los demás
personajes”.
Si Caruso Lombardi fuera un
personaje de Proust, jamás se vería reducido a sólo un vende humo que intenta
que sus equipos se cuelguen del travesaño. Y si Lilita Carrió fuera un personaje de los tantos que pueblan las páginas de En busca del tiempo perdido, sería
mucho más que una profeta que anuncia catástrofes que no se producen casi nunca.
domingo, 24 de junio de 2012
JOYCE Y LOS SÍMBOLOS
PERIODISTA: “¿Cuál es el mensaje
de su obra?”. BORGES: “No soy mensajero”.
(Jueves 17 de diciembre de 1964).
BORGES: “La gente no sabe la
parte que tiene la pereza y la
resignación en lo que uno escribe. Una chica
uruguaya buscaba explicaciones simbólicas, metafísicas y religiosas para
mis poemas. “Uno no escribe con intenciones así… No podría escribir. No soy
autor de fábulas con moraleja. ¿Usted escribió alguna vez? ¿No? Entonces por
eso imagina que un escritor es tan complejo e intencionado” (Lunes 19 de julio de 1965).
Es un poco lo que decía Vladimir
Nabokov en su Curso de literatura rusa,
en referencia al Ulises de Joyce:
“Un pelma llamado (Stuart) Gilbert,
engañado por unas listas que compiló en broma el propio Joyce, descubrió en
cada capítulo el predominio de un órgano particular –el oído, el ojo, el
estómago, etc.-. Ignoraremos también estas estupideces. Todo arte es en cierto
modo simbólico; pero le diremos: ‘¡Alto ahí, ladrón!’, al crítico que
transforma deliberadamente el símbolo sutil del artista en rancia alegoría de
pedante, las mil y una noches en asamblea de una sociedad secreta”.
El mismo Joyce escribió: “I’ve put in so many
enigmas and puzzles that it will keep the professors busy for centuries arguing
over what I meant, and that’s the only way of insuring one’s immortality”.
En otras palabras: mientras los
críticos y los universitarios se fatigan buscando símbolos y más símbolos en lugar de disfrutar de la lectura, el mismo autor confiesa haber embrollado el texto con citas y alusiones literarias para mantenerlos ocupados durante años, de puro rompe quinotos que era.
¡¡Y ni hablemos de los críticos literarios que se sirven del psicoanálisis para ver símbolos freudianos, alusiones a la madre o actos fallidos porque levanto temperatura!!
En fin, me pintó hacer un post "ñoño". ¿Y qué? ¿Vas a pegar? Vivo en Avellaneda... vení si tenés aguante!!!
martes, 5 de junio de 2012
SER ESCRITOR Y TIENE QUE VER CON LA FURIA, DE ANDREA STEFANONI Y LUIS MEY
“Si no trabajás, te morís de hambre. Si trabajás, te volvés loco.
¿Cuántos trabajos satisfacen el hambre, los sueños y, al mismo tiempo, dan
espacio a sonreír durante y después? Tan pocos como para que la humanidad
entera esté chiflada. Y para que los pocos que tienen aquello duerman mal con
los murmullos de los que nunca duermen”, nos dice Andrea Stefanoni. ¿Cómo
hacer para vivir de la literatura? “Lo
logran dos de un millón: uno, poco antes de morir”.
También uno quisiera escribir, en
orgullosa soledad, libros que encierran la violencia de una patada del Flaco
Schiavi.
Y nadie te apunta con una pistola
en la cabeza para que escribas, para que te metas en ese laberinto en donde
pocas veces existe una salida. Y uno escribe porque no desea morirse, o porque
desea que lo quieran, o para seducir una chica o para tratar de evitar el tener que permanecer durante
horas y horas en un trabajo rutinario, pleno de sinsentido. La literatura,
amigos, nace también del miedo y de la pereza.
¿Conocen ustedes a personas que
disfrazan su pereza de marxismo? Yo sí. Es más, a veces creo que soy esas
personas.
Aunque, como diría Bolaño: “¿Qué hace un político en la cárcel? ¿Qué
hace un abogado en el hospital? Cualquier cosa, menos trabajar. ¿Qué hace, en
cambio, un escritor en la cárcel y en el hospital? Trabaja. En ocasiones
incluso, trabaja mucho. Y no digamos los poetas”.
En fin, la cuestión es que
terminé de leer Tiene que ver con la
furia, de Andrea Stefanoni y Luis Mey. Muy lindo libro del que no quiero
seguir hablando, porque lo pueden comprar, leer y juzgar por ustedes mismos.
Este jueves a las 19 hs, voy a ir a la presentación del libro, que será en Avenida Santa Fe 1860. Si alguno quiere venir, acompañarme, invitarme una cerveza con maníes, comprarme un libro caro aprovechando que está en la librería o darme un re abrazo (?), está invitado.
Por último y para quien guste de escribir, acá van algunos consejos de Abelardo
Castillo:
- Nunca adjetives en orden decreciente, nunca
digas: “Era una montaña titánica, enorme, alta”. Si no te das cuenta por qué,
nadie puede ayudarte. Si adjetivaste en la dirección correcta tampoco te creas
un gran estilista. Tal vez buscaba el último adjetivo y te olvidaste de borrar
los otros dos.
- Podrás corregir tus textos o no corregirlos.
Tolstoi escribió siete veces Guerra y paz; Stendhal terminó La
Cartuja de Parma en cincuenta y dos días. El único problema es cómo se
las arregla uno para ser Tolstoi o Stendhal.
- No confundas imaginar con combinar. La
imaginación es una locura lúcida. La combinatoria sirve para elegir corbatas.
- “El lenguaje fastuoso; no un lujo sino una
necesidad” (León Bloy). Lo que León Bloy quería decir con esto es muy sencillo.
Cuando se escribe para convencer, como escribía él, la elocuencia es casi un
deber moral. La mayor verdad del mundo, mal dicha, parece una estupidez. Por
ejemplo, uno puede decir que una flor es más bonita que un rey, o puede decir:
“Mirad los lirios del campo, ni Salomón, en toda su grandeza…”, etcétera. Si se
quiere propagar el Cristianismo, la segunda versión es la correcta.
- Ninguna historia cuenta una sola historia, ni en
los libros ni en la vida. Pero, sobre todo en la literatura, si la historia
subterránea no es en cierto modo la esencial no hay obra de ficción.
domingo, 3 de junio de 2012
ENTREVISTA A LUIS MEY, ESCRITOR ARGENTINO
La semana pasada había terminado de leer Los Abandonados; y hoy, en
pocas horas, me devoré otro muy buen libro de Luis Mey: Las garras del niño inútil. En ciertos aspectos me recordó el
argumento de La senda del perdedor, de
Charles Bukowski. Las similitudes son bastante ostensibles: tanto Maxi como
Henry Chinaski comparten una visión desencantada de la familia y del barrio en
el que nacieron; y además hay un narrador que, usando la tercera persona, nos
cuenta aspectos de su infancia, adolescencia y juventud en “las garras” de un
padre alcohólico y brutal, y de una madre cómplice.
Tenía ganas de escribir una
reseña crítica de ambos libros, pero me decidí por dejarles una entrevista con
el autor, a propósito de Los Abandonados:
¿Cómo fue que empezaste a escribir?
Escribiendo. Alguien me dijo que
podía hacerlo aunque nunca lo había hecho, a los quince. Y si alguien me dijo
que podía, entonces podía. Debe ser así para todos en algún momento de su vida
con algo fundamental: una mentira como impulso.
¿Qué escritores te influenciaron, directa o indirectamente, para
escribir “Los abandonados”?
Fante, Bukowski, Ciorán, Vallejo,
un pibe de mi barrio y Woody Allen.
¿Cómo es tu relación con otros escritores? ¿Percibís mucha soberbia,
egoísmo y/o envidia, o sos de llevarte bien con "el gremio"?
Es una relación formal, cariñosa
en ciertos aspectos, de admiración y empuje. No percibo mucha soberbia ni nada
porque no estoy en contacto con casi ninguno. Claudia Piñeiro, Leonardo Oyola,
Leopoldo Brizuela: gente como esa es gente fabulosa. Buena gente. Brillantes y
trabajadores y muy generosos. El resto, no lo sé. No tiene mucho sentido eso
del ambiente. No me gusta como no me gusta casi ningún ambiente.
Me gustó tu libro, me lo leí en dos o tres tirones, no me resultó nada
aburrido. Mientras lo leía, recordé una frase que se le atribuye a Adorno (cito
de memoria, puede fallar): “serás amado el día en que puedas demostrar
debilidad, sin que el otro se aproveche para reafirmar su fuerza”. En los
personajes de tu libro, resalta la falta de capacidad de amar: el protagonista
tiene actitudes egoístas, inmaduras, desesperadas… Es como si al percibir
sangre, se lanzara sobre su presa como un tiburón hambriento.
Es que así nos comportamos todos.
Sin excepción: sólo que alguno tiene algún argumento que lo sostiene. Aún así,
con argumentos, no es más que retórica: somos una plaga de langostas, como dijo
Hawkins. Los personajes de Los abandonados, por hablar del caso, solamente se
pierden la idea de que están abandonados de sí mismos, no por nadie. Todo pasa
por uno, eso quise decir. Que nadie fue más lastimado de lo que se dejó
lastimar. Y así con todo.
También me gustó la cita que pusiste de Ciorán: “hay seres a quienes
vivimos tan intensamente en nosotros, que su existencia externa se hace
superflua y volver a encontrarlos resulta una sorpresa desagradable”. Ocurre a
menudo que no toleramos la visión de personas que tengan casi los mismos
defectos que nos molestan en nosotros mismos. ¿No te parece? Y más si esos
defectos están magnificados.
Por supuesto que no lo toleramos.
La idea de magnificar el defecto, en el caso de la novela, solamente es un
artificio de escritura: todo tiene que ser magnificado. No en grande y ancho ni
nada fálico: sino con la costura de la narrativa. Muy sutilmente, una historia
tiene que estar magnificada en el sentido de contada con la audacia de la
gracia y la tragedia. Así encontramos que mil veces la misma historia puede ser
retomada por un mejor narrador o con una época o contexto de audiencia más
avispada o medios menos influyentes porque, también, creo firmemente que los
medios de comunicación quieren ser los dueños de la narrativa, quieren ser los
dueños del proceso del cuento, quieren vender el relato del día como si se
tratara de un relato reproducible a libro o película. quieren contar noticias
como películas: eso. Y, volviendo a la idea del defecto, creo que lo que más
une a dos personas enamoradas es la minimización del defecto: odiarlo generaría
lo contrario.
Si te fueras a vivir dos meses a una isla con electricidad pero sin
conexión a internet: ¿qué diez discos, diez dvd’s y diez libros te llevarías?
No me llevo nada. Lo juro.
Encontraría la manera de no arrastrar nada que no sea útil. Cambio las treinta
propuestas por una Victorinox.
Hablános de tu último libro.
Es pura satisfacción. Que cada
persona que lo leyó nos diga -a mí y a Andrea Stefanoni, coescritora- que le
gustó mucho, que citen partes y se saquen fotos con él, solamente me genera la
pasión sobre la misión cumplida. Pudimos colocar y sostener y equilibrar,
batido todo, y ordenada y sorpresivamente
al mismo tiempo cada elemento. Una historia de amor moderna, sin
anticipo de final feliz, con ese matiz de lo real, de lo que no te puedo
contar, de lo que no podés leer hasta que lo leas, como si no lo pudieras
contar hasta que lo vivas. Pudimos hacer reír, reírnos nosotros mismos. Hacer
de cada página un cuento de la vida de Sofía o de la vida de Luciano. Que cada
cuento sea un todo. Hacer EL GRAN PEZ de las novelas urbanas. Esa idea me
gusta: el gran pez de la novela urbana. Te puedo hablar horas, pero mejor
omitamos hablar demasiado hasta que cada cual opine lo que quiera. A mí me
gustó mucho: y odio casi todo lo que hago. Así que... hablo desde ahí.
Reflexión final, a modo de confesión:
Como dije en el post anterior, no
soy un lector muy asiduo de la obra de Bukowski. Luego de leer por primera vez a
Mey, decidí seguir sus recomendaciones: me compré un libro de Fante -Espera a la primavera, Bandini- y otro de
Bukowski. ¿Saben qué? Los estoy leyendo, y no me arrepiento para nada. Haber
leído a Mey fue una influencia positiva para mí, porque me liberó todavía más
como para seguir corrigiendo y ampliando los cuentos y novelas que tengo en el
disco rígido y que -por pudor, cobardía y/o excesiva autoexigencia- no me animo a publicar.
En Derivas de la pesada, un texto muy polémico, el escritor chileno Roberto
Bolaño nos dice que la literatura argentina actual ha dado lugar a tres
“reacciones antiborgeanas”, representadas por los herederos de Osvaldo Soriano,
Roberto Arlt y Osvaldo Lamborghini. El tipo concluye su artículo así:
“Corolario. Hay que releer a Borges otra vez”.
Cito dos fragmentos
significativos, no sin antes recomendarles que lean el artículo de Bolaño, que
es muy divertido:
SOBRE LA HERENCIA DE SORIANO: “Con Soriano hay que tener el cerebro lleno de materia fecal
para pensar que a partir de allí se pueda fundar una rama literaria (…) No
quiero decir que Soriano sea malo. Ya lo he dicho: es bueno, es divertido, es,
básicamente, un autor de novelas policiales o vagamente policiales, cuya
principal virtud, alabada con largueza por la crítica española, siempre tan
perspicaz, fue su parquedad a la hora de adjetivar, parquedad que por otra
parte perdió a partir de su cuarto o quinto libro. No es mucho para iniciar una
escuela”.
SOBRE LA HERENCIA DE ARLT: “La literatura de Arlt, considerada como armario o subterráneo,
está bien. Considerada como salón de la casa es una broma macabra. Considerada
como cocina, nos promete el envenenamiento. Considerada como lavabo nos acabará
produciendo sarna. Considerada como biblioteca es una garantía de la
destrucción de la literatura.
O lo que es lo mismo: la literatura de la pesada tiene que existir,
pero si sólo existe ella, la literatura se acaba. Como la literatura
solipsista, tan en boga en Europa, hoy que el joven Henry James vuelve a
cabalgas a sus anchas. Una literatura del yo, de la subjetividad extrema, claro
que tiene que existir y debe existir. Pero si sólo existieran literatos
solipsistas toda la literatura terminaría convirtiéndose en un servicio militar
obligatorio del mini-yo o en un río de autobiografías, de libros de memorias,
de diarios personales, que no tardaría en devenir cloaca, y la literatura
también entonces dejaría de existir. Porque,
¿a quién demonios le interesan las idas y venidas sentimentales de un
profesor? ¿Quién puede decir, sin mentir como un verraco, que es más
interesante el día a día de un triste profesor madrileño, por muy atildado que
sea, que las pesadillas y los sueños y las ambiciones del insigne y ridículo
Carlos Argentino Daneri? Nadie con tres dedos de frente. Ojo: no tengo nada en
contra de las autobiografías, siempre y cuando el que la escriba tenga un pene
en erección de treinta centímetros. Siempre y cuando la escritora haya sido una
puta y a la vejez sea moderadamente rica (…).
Más allá de Bolaño, creo que uno
debe escribir lo que siente y lo que puede, sin darle tanta pelota al superyó
literario que nos dice una y otra vez lo que debemos hacer. Es más, cada tanto me hago a mí mismo la
siguiente recomendación: a) felizmente no nos debemos a una tradición, podemos
aspirar a todas (Borges dixit); b) no le des pelota al policía literario que hay en tu interior, porque la idea de gran literatura te impide escribir, y muchas veces hace que no escribas más ni mejor, sino que SEAS ESCRITO por los otros. No es sólo que uno tiene que esperar a tener algo que decir para decirlo, sino que en realidad aprende lo que tiene para decir mientras lo dice. En cierto modo, la escritura se origina en una carencia, por eso uno escribe no tanto acerca de temas que domina, sino más bien acerca de temas que nunca termina por resolver de modo satisfactorio: el amor, la soledad, la tristeza, la impotencia, el deseo, los celos... Y todo ha sido dicho ya, pero como nadie escucha, hay que volverlo a decir.
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