"He encontrado una cosa curiosa, como no lo haría todos los días.
Es un puente levadizo con un cochecito amarillo y un grupo de lavanderas". (Vincent Van Gogh)
La tapa del disco Artaud fue diseñada por Juan Orestes Gatti a partir de una idea de Spinetta. En su momento, los productores y vendedores no querían saber nada, porque su forma extraña la hacía difícil de ubicar en las bateas. Parece que "El Flaco" no quería dar el brazo a torcer, porque estaba convencido de que su obra debía provocar incluso desde el diseño.
Los colores verde y amarillo son, según Antonin Artaud, los colores del surrealismo. Es muy factible que la letra de Cantata de puentes amarillos haya sido escrita por un Spinetta entregado al ejercicio de la libre asociación de ideas.
Si uno se fija, hay fragmentos que no parecen guardar ninguna ilación entre sí, como si fueran sueños o escritos realizados en duermevela:
Los colores verde y amarillo son, según Antonin Artaud, los colores del surrealismo. Es muy factible que la letra de Cantata de puentes amarillos haya sido escrita por un Spinetta entregado al ejercicio de la libre asociación de ideas.
Si uno se fija, hay fragmentos que no parecen guardar ninguna ilación entre sí, como si fueran sueños o escritos realizados en duermevela:
Todo camino puede andar
Todo puede andar...
Con esta sangre alrededor
no sé que puedo yo mirar.
La sangre ríe idiota
como esta canción,
¿y ante qué?
Ensucien sus manos como
siempre,
relojes se pudren en sus
mentes ya.
Y en el mar naufragó
una balsa que nunca zarpó,
mar aquí, mar allá.
En un momento vas a ver
que ya es la hora de volver,
pero trayendo a casa todo aquél
fulgor,
¿y para quién?
Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover.
Sube al taxi, nena
los hombres te miran,
te quieren tomar.
Ojo el ramo, nena,
las flores se caen, tienes que
parar.
Vi las sonrisas muriendo en el
carrousel,
vi tantos monos, nidos, platos de
café,
platos de café, ah.
Guarda el hilo, nena
guarden bien tus manos
esta libertad.
Ya no poses, nena,
todo eso es en vano,
como no dormir
Aunque me fuercen yo nunca voy a
decir
que todo tiempo por pasado fue
mejor,
mañana es mejor.
Aquellas sombras del camino azul,
¿dónde están?
Yo las comparo con cipreses que vi
sólo en sueños.
Y las muñecas tan sangrantes
están de llorar,
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar,
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar.
¡No! Nunca la abandones.
¡No! Puentes amarillos.
Mira el pájaro, se muere en su
jaula
¡No! Nunca la abandones
Puentes amarillos, se muere en su
jaula
Mira el pájaro, puentes amarillos
Hoy te amo ya
y ya es mañana
Mañana
Mañana
Mañana
Según Sergio Pujol, la canción
está hecha “como una miríada de ideas,
fragmentos de textos –algunos subrayados en la edición de Cartas a Théo que el joven artista devoraba, entre el libro y la
guitarra-, registros entre literarios y orales y, ya en el plano de la música,
módulos armónicos más o menos relacionados con la tonalidad de La mayor. (…) En
plena época de rock sinfónico -1973-, Spinetta expresaba en clave intimista el
deseo de una generación por convertir la música popular en algo sofisticado y a
la vez visceral”.
Yo leí Van Gogh, el suicidado por la sociedad de Antonin Artaud -que formó parte de las lecturas de Don Luis Alberto antes y durante el proceso de composición del disco- , y debo reconocer que no me flasheó demasiado. Hay partes que directamente me aburrieron, sobre todo la introducción de Aldo Pellegrini en la edición de Argonauta que es la que tengo, donde el tipo parece dividir al mundo entre Artaud artista genial incomprendido; y el resto de los mortales: burgueses medio perejiles que habitamos el globo y no cazamos un fútbol de poesía.
La obra de Antonin Artaud es bastante corrosiva. A esa manía de "filosofar con el martillo" que tenía el poeta francés, Spinetta le contrapone un mensaje menos destructivo como antídoto: el amor, el hippismo, los Beatles y John Lennon. Si bien se propone denunciar la locura, la perversión y la sinrazón del mundo, quiere producir al mismo tiempo un antídoto que no nos haga caer en la desesperación de tomarnos demasiado en serio el mensaje de Artaud.
Y ojo, que vivir de acuerdo a la cosmovisión de Rimbaud o Artaud es muy difícil, porque estar en contacto permanente con el éxtasis quema. "Si he de vivir, que sea/ sin temor y en el delirio", escribió alguna vez Mario Santiago, el Ulises Lima de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (1). La apuesta de Santiago es total. Cuando a Bolaño le preguntan si se puede "vivir poéticamente", responde que sí, que se puede, pero que no es recomendable:
"Yo no quisiera que mi hijo –si mi hijo decide ser escritor– no quisiera que mi hijo optara por vivir sin timón y en el delirio. Porque nadie quiere ver a un ser querido sufriendo. Pero por otro lado, es inevitable. Hay escritores que tienden hacia eso. A veces en demérito de su propia escritura, porque la lucidez –y de nuevo– el sentido común son necesarios, son muy necesarios".
En lo personal, disfruté más la lectura de las Cartas a Théo de Vincent Van Gogh que de la interpretación que hace Artaud del pintor holandés.
Yo leí Van Gogh, el suicidado por la sociedad de Antonin Artaud -que formó parte de las lecturas de Don Luis Alberto antes y durante el proceso de composición del disco- , y debo reconocer que no me flasheó demasiado. Hay partes que directamente me aburrieron, sobre todo la introducción de Aldo Pellegrini en la edición de Argonauta que es la que tengo, donde el tipo parece dividir al mundo entre Artaud artista genial incomprendido; y el resto de los mortales: burgueses medio perejiles que habitamos el globo y no cazamos un fútbol de poesía.
La obra de Antonin Artaud es bastante corrosiva. A esa manía de "filosofar con el martillo" que tenía el poeta francés, Spinetta le contrapone un mensaje menos destructivo como antídoto: el amor, el hippismo, los Beatles y John Lennon. Si bien se propone denunciar la locura, la perversión y la sinrazón del mundo, quiere producir al mismo tiempo un antídoto que no nos haga caer en la desesperación de tomarnos demasiado en serio el mensaje de Artaud.
Y ojo, que vivir de acuerdo a la cosmovisión de Rimbaud o Artaud es muy difícil, porque estar en contacto permanente con el éxtasis quema. "Si he de vivir, que sea/ sin temor y en el delirio", escribió alguna vez Mario Santiago, el Ulises Lima de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (1). La apuesta de Santiago es total. Cuando a Bolaño le preguntan si se puede "vivir poéticamente", responde que sí, que se puede, pero que no es recomendable:
"Yo no quisiera que mi hijo –si mi hijo decide ser escritor– no quisiera que mi hijo optara por vivir sin timón y en el delirio. Porque nadie quiere ver a un ser querido sufriendo. Pero por otro lado, es inevitable. Hay escritores que tienden hacia eso. A veces en demérito de su propia escritura, porque la lucidez –y de nuevo– el sentido común son necesarios, son muy necesarios".
En lo personal, disfruté más la lectura de las Cartas a Théo de Vincent Van Gogh que de la interpretación que hace Artaud del pintor holandés.
VINCENT VAN GOGH, EL “SUICIDADO POR LA SOCIEDAD”
La felicidad del canalla, que
muere tranquilo y en paz luego de haber provocado la muerte, la tortura y el
sufrimiento de cientos de personas, es difícil de comprender para cualquier
moralista. A menos, claro, que uno crea –no es mi caso- en la justicia divina del
paraíso, el purgatorio y el infierno. Hitler y Mussolini fueron derrotados, pero en España,
Franco gobernó más de treinta años, y murió rodeado de honores oficiales, en su
propia y confortable cama, aferrado al brazo de Santa Teresa, a quien, con devoción, le pidió que intercediera por su
alma. La santa se negó.
La vida de Vincent Van Gogh, en
cambio, fue la de un artista de enorme sensibilidad y talento, quien pese a
entregar su existencia a la realización febril de cuadros y más cuadros, no
logró vender más que una sola tela en sus 37 años de vida. De hecho, se hubiera
muerto de hambre si no fuera por la modesta asignación que le pasaba su hermano
Théo.
Por esas ironías que no faltan en
la historia, casi un siglo después, su lienzo Los Girasoles se subastaría por casi veinticinco millones de libras
en Christie’s de Londres.
En una de sus tantas cartas, tratando
de encontrarle sentido a su sufrimiento, Vincent le escribe a su hermano: “tal vez la locura sea saludable porque uno
se vuelve, quizá, menos excluyente”.
En enero de 1889, escribe: “Habrás vivido siempre pobre por darme de
comer, pero yo devolveré el dinero o entregaré el alma”. No pudo cumplir
con su palabra. Segundos antes de morir -producto de la agonía que él mismo se provocó disparándose a sí mismo en el pecho- , le diría a Théo: “Fracasado una vez más… La miseria no acabará nunca…”.
La carta de julio de 1880 causó,
indudablemente, un fuerte impacto sobre el joven Spinetta. La cito in extenso y
que cada cual haga el link que tenga ganas. Resalto en negrita el fragmento que se puede relacionar con la frase "mira el pájaro, se muere en su jaula":
“Te escribo un poco al azar lo que me viene a la pluma, me sentiría muy
contento si de alguna manera tú pudieras ver en mí algo más que un haragán.
¿Acaso hay haraganes y haraganes que hacen contraste? Está aquel que es
haragán por pereza y dejadez de carácter, por la bajeza de su naturaleza: tú
puedes, si lo juzgas bien, tomarme por uno de éstos.
Después está el otro haragán, el haragán a pesar suyo, que vive roído
interiormente por un gran deseo de acción, que no hace nada porque vive en la
imposibilidad de hacerlo, puesto que está como preso en alguna cosa, porque no
tiene lo que necesitaría para ser productivo, porque la fatalidad de las
circunstancias lo reduce a ese punto; un haragán así no sabe siempre él mismo
lo que podría hacer, pero lo siente por instinto; por tanto, sirvo para algo,
siento en mí una razón de ser; sé que podría ser un hombre por completo
diferente. ¿En qué podría ser útil?, ¿en qué servir?, ¿hay algo dentro de mí?,
¿qué es, entonces?
Este es un haragán muy diferente; tú puedes, si lo juzgas bien, tomarme
por uno de éstos.
Un pájaro en la jaula, en la primavera, sabe muy bien que hay algo para
lo cual serviría, siente fuertemente que hay algo que hacer, pero no lo puede
hacer. ¿Qué es? No lo recuerda bien, después tiene ideas vagas y se dice: ‘Los
otros hacen sus nidos y tienen sus hijos y crían la nidada’; después se golpea
el cráneo contra los barrotes de la jaula. La jaula sigue allí y el pájaro vive
loco de dolor.
‘Mira qué haragán’, dice un pájaro que pasa, ‘una especie de rentista’.
Sin embargo, el prisionero vive y no muere, nada se muestra exteriormente de lo
que ocurre interiormente, se lleva bien, está más o menos alegre al rayo del
sol. Pero viene la temporada de la migración. Acceso de melancolía. ‘Pero’,
dicen los niños que lo cuidan en su jaula, ‘tiene todo lo que le hace falta’.
Pero él mira afuera el cielo henchido, cargado de tempestad y siente la
rebelión contra la fatalidad dentro de sí. ‘Estoy preso, estoy preso y no me
falta nada, imbéciles. Tengo todo lo que hace falta. ¡Ah, la libertad! ¡Ser un
pájaro como los otros pájaros!...’
Este hombre haragán se parece a ese pájaro haragán y los hombres se
hallan a menudo en la imposibilidad de hacer nada, prisioneros en no sé qué
jaula horrible, horrible, muy horrible. (…)
No sabremos decir nunca qué es lo que nos encierra, lo que nos cerca,
lo que parece enterrarnos, pero sentimos, sin embargo, no sé qué barras, qué
rejas, qué paredes.
¿Todo esto es imaginario, fantasía? No lo creo; y después uno se
pregunta: Dios mío, ¿será por mucho tiempo?, ¿será para siempre?, ¿será para la
eternidad?
Tú sabes cómo puede desaparecer la prisión. A base de afecto profundo,
serio. A base de ser amigos, ser hermanos, amar: así se abre la prisión como
una fuerza soberana, como un encanto poderoso. Pero el que no tiene esto
permanece en la muerte.
Pero allí donde la simpatía renace, renace la vida.
Además, la prisión se llama algunas veces prejuicio, malentendido,
ignorancia fatal de esto o aquello, desconfianza, falsa vergüenza.
(…) Solamente si te fuese posible ver en mí algo más que un haragán de
la peor especie, me sentiría más cómodo.
Luego, si alguna vez pudiese hacer algo por ti, serte útil en alguna
cosa, no olvides que estoy a tu disposición”.
(1) Fue mi mejor amigo, mi mejor amigo de lejos. Poeta mexicano. Un ser extrañísimo, en realidad Mario Santiago parecía haber bajado de un ovni hace un par de días. Y tenía cosas tan extrañas, era un lector empedernido. Cosas tan extrañas como meterse en la ducha y seguir leyendo. Entonces, se metía en la ducha y con la mano mantenía el libro así (hace el gesto con sus manos): ¡y lo peor es que eran mis libros! (la audiencia ríe). Y yo siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. Y yo decía: “¿es que ha llovido en México?”. Porque claro, México es muy grande y puede llover en una zona de la ciudad y en otra no. Es raro, pero se puede dar ese caso. Realmente, un fenómeno curioso en la naturaleza ¿no? Pero se puede dar. Hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha, y yo lo que tenía que haber hecho era ponerme de rodillas a rezar. A rezar ante el milagro que había presenciado. No lo hice, más bien lo reté. Y tenía cosas así Mario. Mario era un personaje fantástico, no tenía ninguna disciplina. Recuerdo que para ganar dinero trabajábamos en diversas revistas mexicanas y era yo el que escribía sus crónicas, sus artículos; él hacía un borrador y yo cogía el borrador y escribía la crónica. Y luego tenía que escribir la mía también. (Roberto Bolaño, entrevista de Cristian Warnken).



Oiga, no se le ocurra hacer esas cosas Orwellianas, very insightful post!
ResponderEliminarMr Gabi
Excelente post, más allá de que se ha escrito mucho sobre el tema.
ResponderEliminarSaludos!
Gracias gente linda, los quiero (?)
ResponderEliminarAbrazo!