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jueves, 14 de abril de 2011

ENTREVISTA A CÉSAR GONZÁLEZ: "DESDE LOS LIBROS A UN PROYECTO DE VIDA"

La desgrabé el miércoles 5 de enero de 2011 (la mudé de otro blog)

Entrevista emitida en "Caminos de Tiza", programa de la televisión pública, el 18-09-2010.


"Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se lo denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación". (Thomas Hobbes)

"Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja". (Haroldo Conti)

¿Dónde naciste?

Nací y vivo actualmente en el barrio Carlos Gardel, que queda en El Palomar. Hasta hace dos años atrás era una villa común y corriente de tantas que siempre poblaron el conurbano bonaerense. Actualmente tenemos casas dignas que llegaron a través del plan de viviendas federal, pero sigue siendo el barrio. Hubo un avance en cuanto a dignidad y en cuanto a bienestar social... el barrio estaba muy roto, muy vacío, muy saqueado. Yo me crié en un contexto bastante difícil.

¿Familia numerosa?

Sí, yo soy el más grande de siete hermanos. Mi mamá es madre soltera, y esa es una realidad muy habitual de los barrios, donde las madres tienen muchos hijos. Es una realidad evidente que uno no puede negar. Pero bueno, digamos que hay muchos obstáculos, ¿no? Ya nacer en un contexto así es un obstáculo de por sí. Pero yo amo a mi barrio: amo la gente, amo la esencia, la cultura de mi barrio.

¿Ibas a la escuela en ese barrio?

Digamos que yo tuve una infancia normal, como tiene un pibe del barrio, de una villa. Uno ya de chico va viendo panoramas bastante difíciles, y todos esos panoramas difíciles se van cargando, se van cargando en el inconsciente. Llega un momento muy difícil y que para mí es decisivo que es el de la adolescencia, donde toda esa carga que viene de la infancia necesita ser descargada: todo eso que está en el inconsciente: de una infancia dura, difícil, triste, necesita explotar. El pibe a los trece o catorce años necesita descargarse de esa realidad. A diferencia del pibe de otra clase social, el pibe de clase baja explota para mal, haciéndose mal a él mismo y a terceros, explota en el delito.

¿Querés decir con acciones más que con reflexión?

Con acciones, sí, pero tampoco podés pedir mucha reflexión cuando no hubo una educación digamos... que realmente marcara la vida de uno. Pero no te digo sólo "ir a la escuela". Yo soy de una generación, con 21 años, que se crió con dos presidencias de Menem; generación que se crió al ritmo de la desocupación, el hambre, la miseria. Digamos que si vos te criaste con ese contexto, es muy difícil que puedas hacer otra cosa de tu vida. Las únicas alternativas que aparecen para los pibes, si no es robar, es laburar en una fábrica en negro, o tener un trabajo de mierda.

¿Y la soledad y no tener con quien hablar e intercambiar también?

Sí, la soledad está, porque es verdad que te sentís solo; pero no te sentís solo adentro del barrio, te sentís solo afuera. Sentís que la sociedad te dejó solo.

Desprotegido...

Sí, exactamente. Excluido no, yo no creo que exista la exclusión, porque excluido del sistema económico reinante no está nadie, nadie está fuera del sistema. Hoy en día, desde la molécula más chica hasta la más grande, tiene un precio, un precio monetario. Así que la exclusión económica no existe. Para mí en los barrios, en las villas, lo que hay y tengo la esperanza que deje de haber es una exclusión cultural, es una exclusión simbólica y una exclusión psicológica. Exclusión cultural porque la sociedad piensa que un pibe de la villa está condenado a ser ignorante y a tener un conocimiento completamente limitado que no le va a dejar progresar.

¿Y qué recuerdos tenés de tu escolaridad? ¿Los maestros confiaban en tus potencialidades, cómo fue esa etapa?

Buena, pero te voy a explicar cuán determinante es el contexto social para un ser humano... hoy en día dejó de ser condicionante: es determinante. Yo de chico era estudioso, me gustaba lengua, la historia, me gustaba aprender. Pero fijáte ya el contexto a los trece o catorce años me mostró la merca, me mostró las armas, me mostró que nunca tuve nada y si salía a chorear podía tener algo, algo material que nunca había tenido.

¿Caminos fáciles?

Yo no sé si son caminos fáciles. Yo no caigo en esa lógica general de decir "ah, caes en la fácil". No sé si es fácil que un pibe de trece años...

Fácil por los resultados rápidos digo...

Sí, pero si vos lo pensás como fácil quiere decir que "ah, al pibe no le importa nada". Cuando sale a robar el pibe está arriesgando su vida y la de otros. ¿Eso es fácil? Para mí eso es muy difícil, es algo que hay que pensarlo profundamente. Eligen lo que les enseñaron, lo que tiene a mano, lo que le ofrecieron. ¿Qué les ofrecen a cambio de enseñar? ¿Cuál es la herramienta que le ofrecieron en su momento?

¿Es difícil decir no?

Es muy difícil, ya te digo.... Por eso quería terminar con la idea de la exclusión cultural y simbólica. Porque si vos te criás con una cultura donde al escuela estuvo quebrada... Durante el menemismo y el gobierno de De la Rúa, la escuela se mantuvo por la buena predisposición de los maestros, por el buen corazón de ellos, que si no hoy, la situación sería aún más desastrosa.

Divorciada de los padres, de la familia.

La familia en una villa está completamente diluida, no hay una contención. La mayoría de los pibes que conozco pasamos por lo mismo: madre soltera, o papá en cana, o era borracho, o lo mató la policía, o quedó paralítico. Hay otro modelo de familia en una villa, de vida y de relaciones. Yo me crié en una cultura donde héroe era el que robó un blindado o el que mató un policía. Héroe no era San Martín o Belgrano. ¡Ojo con la educación! A mí, en la escuela, y por más que haya terminado el secundario estando encerrado, la verdadera sabiduría, el verdadero conocimiento y la verdadera reflexión la traje por caminos independientes a la educación común. La escuela es "2 + 2 cuatro, y el 17 de agosto conmemoramos la muerte de San Martín", nada más. A mí en la escuela no me enseñaron de la Revolución cubana, qué existieron pensadores como Marx o Nietzsche, pensadores que dijeron algo distinto. Yo me tuve que enterar que el Che era argentino porque lo leí un libro, no me lo enseñaron en la escuela.

Entonces no te enseñaron la historia desde los excluidos.

No te enseñan a pensar, pienso yo; a formar una ética. Yo te estoy haciendo un panorama desde mi infancia, pienso que en la actualidad el panorama es más optimista.

¿A qué edad entraste a la cárcel, César?

A mis 16 años recién cumplidos.

¿En la cárcel hay mucho tiempo libre?

No sé... sí, en el sentido de que te obligan a pasar 10 o 12 horas dentro de una celda. Es tiempo reprimido, amoldado, que te manejan otros: la guardia, el juzgado.

¿Y cómo terminaste el secundario?

Porque en una institución de encierro, la escuela está. Los pibes van a la escuela. Yo al pasarme cinco años ahí, aproveché y terminé la secundaria, que me llevó casi cuatro. Son objetivos... yo no te puedo decir, o afirmar, o pensar que la cárcel como mecanismo puede ser un modelo de reinserción o de recuperación. Eso no existe. La cárcel no sirve: si vos entraste mal, salís tres veces peor.

¿Y a vos eso cómo no te pasó?

Yo empecé a pensar, a interrogarme, a buscar razones adentro mío. Empecé a quererme a mí mismo.

Empezaste a interrogarte.

Empecé a interrogarme y empecé a interrogar todo. Empecé a decirme: "ah, mirá vos, a mí de chico me gustaba estudiar. ¿Qué hubiera pasado si hubiese nacido en otro lado, si en lugar de haber nacido en una villa hubiese nacido en un hogar de clase media? ¿Hubiese terminado preso o hubiese terminado la secundaria y la universidad en tiempo y forma?". Pero terminé preso, cometiendo delitos, con seis balazos de la policía, al borde de la muerte... caí preso con 16 años y pesando 50 quilos de la cantidad de cocaína y pastillas que tomaba. Digamos que hubo un momento en el encierro que yo dije "o me resigno a que mi vida pase por un penal, o a que la policía me mate tempranamente, o me aferro a creer que puedo hacer otra cosa... pero me aferro con todo, con todo".

¿Y todo eso fue solo o recibiste ayuda?

No, no. Solo no se puede, es empíricamente imposible. El ser humano solo creo que no puede hacer nada. Yo estuve en cuatro institutos de menores y en dos penales: nada por dentro de lo institucional me ayudó a cambiar como cambié. A mí me ayudó una persona que iba a dar un taller voluntario de magia, que lo conocí en el Instituto Belgrano cuando yo llevaba más de un año y medio de encierro... Lo que me llamó la atención, lo novedoso, lo que apareció en mi vida y sin lo cual no creo que hubiese cambiado es que él daba magia y nos hablaba de la vida y obra de gente como Rodolfo Walsh, de Jorge Masetti, de filósofos como Michel Foucault, J. P. Sartre. Al principio lo mirábamos como diciendo "de qué habla este loco", y daba el taller de magia adentro del pabellón.

Pero era también casi un taller de lectura.

Era un taller de... era un taller de amor para mí. Era alguien que nos traía afecto cuando para todos éramos... y los pibes son monstruos sociales, son personas malignas por naturaleza; él venía y nos decía que estábamos ahí porque éramos consecuencia del sistema, que no éramos malos. Nos abrió la cabeza, y a mí me la abrió de tal manera que hasta el día de hoy se sigue expandiendo, ¿me entendés?

Y una vez que se abre no para más, ¿no?

Una vez que la venda se cae de los ojos, o no parás más o te hacés el boludo de lo que viste y llevas una vida de farsante, como hacen muchos.

¿Él te llevó libros?

Sí, él fue el primero que me acercó un libro realmente que me interese. Porque me habían alcanzado libros anteriormente: desde la escuela... Un defensor de un juzgado que tuve me acercó un libro de Borges y Bioy Casares, pero leía una página y me aburría, me cansaba la vista.

¿Cuál fue el primer libro que recordás que te atrapó?

Yo el primer libro que recuerdo me dio él fue "De Ernesto al Che", que lo escribe Calica Ferrer, quien fue compañero del segundo viaje -el definitivo- del cual el Che no volvió más hasta que hizo la revolución.

¿Y esa historia de vida te conmovió?

Dije "ah, el Che no es solamente una remera, una banderita: nos dejó un legado, una obra, una enseñanza". Y empecé a leer frases como "hay que sentir cada injusticia como propia", o "el verdadero revolucionario tiene que estar ligado por el sentimiento de amor". La palabra capitalismo, que a mí me sonaba... no sé, la habré escuchado por ahí pero no tenía la más pálida idea del significado.

Entonces los libros, las lecturas, te iban planteando nuevas preguntas.

Sí, y me estaban mostrando algo nuevo en mi vida que me hacía sentir bien. Porque yo me sentía muy mal conmigo mismo... sentía mucho odio hacia mí mismo y hacia los demás: hacia la sociedad, los jueces, los fiscales.

¿Resentimiento?

Un gran resentimiento que quería materializarlo en sangre: "el día que salga voy a seguir robando porque odio la sociedad por terminar acá dentro". En cambio conocer a mi amigo Patricio, conocer la lectura, abrir mi cabeza, me ayudó a empezar a transformar ese resentimiento en arte, poesía, reflexión.

¿Y cuando leíste ese primer libro que tanto te impactó, el de la vida del Che, había obstáculos que encontrabas en la lectura o no?

Sí, más vale, las limitaciones de toda persona que está empezando a leer y no lo tenía como hábito. Creo que el primer libro me habrá llevado como tres meses... a lo primero leía dos páginas por día, como máximo. Después fui progresando y, estando encerrado, a los libros me los comía.

¿Vos sentías que a medida que ibas leyendo, cada vez eras mejor lector?

Sí, cada vez iba conociendo más palabras, incorporando términos, iba al juzgado e incorporaba otro léxico. Empecé a incorporar, incorporar, a decirme "bueno loco, acá tengo vida, acá hay un camino".

¿Eso te llevó a bifurcarte en distintos géneros literarios?

Sí, porque en un comienzo fue paralelo al camino de mi amigo. Todo libro que leía él me los pasaba a mí. A lo primero leíamos Rodolfo Walsh, Masetti, la historia del PRT-ERP, los montoneros, la lucha armada en la Argentina, la lucha armada en otros países. Llegó un momento en que eso nos agotó, y empezamos a profundizar. Al principio dije "me voy al ensayo político", y después no quería (ni quiero) frenar en nada, en ningún concepto: el marxismo, literatura fantástica, la novela, literatura anglosajona... no todos los yanquis son capitalistas y malas personas... En los Estados Unidos existió Hemingway, Bradbury, Edgard Allan Poe; en Inglaterra también hubieron grandes escritores: Oscar Wilde (Aclaración: Wilde es irlandés, no inglés)...

¿Y esos libros siempre llegaban de la mano de tu amigo?

Sí, en un comienzo sí; durante un año o año y medio. Luego vinieron de otros lados.

Paralelamente con esas lecturas ibas haciendo la secundaria.

Paralelamente hacía la secundaria, paralelamente seguía viviendo con los pibes, paralelamente seguía siendo un tumbero más. No es que porque yo empezaba a leer salía y le decía a los pibes "chicos, la verdad que me di cuenta que hay que ser sensible". No, había que sobrevivir, porque la cárcel es un lugar de mierda, súper hostil, súper difícil, súper doloroso: pasás hambre, la requisa te caga a golpes dos o tres veces por semana, o en los institutos te inyectas para que duermas y no molestes, o en un penal te viven quebrando los huesos porque "ah, no podés abrir la boca". Digamos que yo leía de noche.

La literatura te atrapaba, y a la vez: ¿contagiaba a quienes te rodeaban?

Algunos se han contagiado, pero no con la potencia que me contagié yo. Eso no lo puedo desconocer. He hecho circular un montón de libros. Para mí era un súper logro invitar a otros pibes a que lean.

¿Y los profesores que tenías en la secundaria, hiciste algún vínculo?

Sí, hay vínculos que sigo manteniendo hasta el día de hoy... para ellos era muy importante. En algunos, en los sensibles: los que iban por ayudar, y no los que iban simplemente a buscar un sueldo. De los profesores sensibles yo tengo un muy buen recuerdo, porque cuando yo empecé a leer, primero generó una sorpresa y muchos se conmovieron, o dijeron "guau, al fin uno". Pero yo era muy crítico una vez que empecé a pensar adentro de la cárcel... y así me fui: me han roto los huesos muchas veces. Eso me pone orgulloso, aunque en su momento fue triste hoy miro para atrás y puedo estar sanamente orgulloso.

A ver, hablamos de libros de ensayo, libros de política, de la novela... ¿y con la poesía qué te fue pasando?

Empecé con el ensayo, seguí con la literatura fantástica... y la poesía surgió empezando a ponerle letra a lo que estaba surgiendo en mi cabeza. A lo primero, no te voy a negar, escribía "la casa eh... la celda sucia y el empleado con su traje negro", o si no la rima, no podía escaparle a la rima: "quiero rimar para así poder cargar, después escoger", y no podía escaparle. Pero me sentía bien, era una escritura novata, pero me hacía sentir bien como persona.

Y a medida que leías poesía, ¿sentías que tu escritura era más valiosa?

No, yo no soy un gran escritor de poesía, no soy un gran conocedor del estilo. Conozco algunos autores que para mí fueron fundamentales: por ejemplo Oliverio Girando.

Bueno, ¡casi nada!

Leyéndolo dije "ah, no tiene que tener una estructura el escribir, no hay que seguir necesariamente un orden". Oliverio hizo un quilombo bárbaro con las palabras, fue un revolucionario de las palabras, fue un rebelde. Me dio libertad. A lo primero estaba limitado por querer caer bien con lo que escribía, una vez que entendí eso no me importó más caer bien. Otro ejemplo fue Nietzsche. Ahora soy admirador de las letras del Indio Solari... me gusta García Lorca, Neruda. Dentro de lo poco que sé me gusta eso.

Blog de César González:

viernes, 7 de enero de 2011

LADY GAGA, MADONNA Y EL HIPERCONSUMISMO VOGUE




"En términos de Georges Bataille, el egoísmo de Madonna la vuelve servil antes que soberana. Hay una extenuación severa, aeróbica, casi protestante, en el espectáculo de Madonna, y mientras que su recompensa es obviamente el disfrute narcisista de su propia imagen, es difícil ver qué le queda al público". (Simon Reynolds)


La canción/video Vogue (1990) de Madonna fue una de las declaraciones definitivas acerca de su cosmovisión del mundo.

Madonna tiene una gran destreza para apropiarse de ideas subculturales, como ser el culto gay negro del vogueing, y volverlas mainstream para el consumo de masas. Es una suerte de "cualquiera puede hacerlo" del punk combinado con la ideología Reagan/Bush de los noventa.

En un filme de Jennie Livingston titulado Paris is burning -editado en 1990 pero filmado tres años antes- se retrata la subcultura vogueing: se trata de un documental sobre las vidas de travestis y transexuales negros e hispanos en Nueva York, que compiten en bailes, desfiles y danzas. Marginados por partida doble por ser no sólo negros e hispanos sino también gays, los voguers imitan los valores y la imagen del mundo heterosexual del cual se sienten completamente excluidos. Uno de los personajes más conmovedores es un hispano llamado Venus Xtravagancia, que declara que su sueño es ser “una chica rica, blanca y consentida: ellas tienen todo lo que quieren cuando quieren, lindas cosas, lindas ropas, y no deben luchar con sus cuentas”.

Aquí tienen parte de su relato:

http://www.youtube.com/watch?v=5bxxk_xHYN0&feature=related


Las ideas de “lo femenino” de los vogueing eran totalmente reaccionarias: para ellos/ellas ser una auténtica mujer implicaba conocer las artes de la seducción, tener plata, el consumo ostentoso y la pasividad política. Una especie de Marianas Nannis/Wandas Naras pero con raíces absolutamente marginales. En algún sentido son, como bien nota Reynolds, una suerte de paradigmas del concepto de “hiperconformismo” de Jean Baudrillard: el lazo de retroalimentación que tiene lugar cuando personas reales simulan las representaciones de los medios.

Todos estos movimientos, incluida Madonna en su momento y Lady Gaga hoy, son herederos de lo que en los ochenta y noventa se llamó posfeminismo:

En algún sentido, el posfeminismo es al feminismo lo que el posmodernismo al modernismo. El posfeminismo se extendió, frecuentemente, como un movimiento irónicamente hostil al feminismo de décadas pasadas: consideraban que el exceso de campañas feministas “antimasculinas” no tenían sentido en una época donde las mujeres habían conquistado el derecho al voto y leyes más igualitarias, así como puestos de mayor poder.

En cierto modo, una consecuencia no prevista de estos movimientos fue que las minorías han transformado términos peyorativos o descalificadores en insignias de orgullo. Por caso: los homosexuales usan el término “puto” (queer) o “tortilleras” (dyke) en el lenguaje coloquial. Entre nosotros está el fenómeno de la cumbia villera, que sería más o menos el equivalente de los raperos gangsta de yanquilandia diciendo “negro” (nigga) como saludo fraterno. Así como muchos raperos estadounidenses desconciertan por igual a blancos liberales y a negros combativos exagerando los estereotipos más negativos de la delincuencia (como el caso del tema "cop killer" de Buddy Count), las artistas posfeministas han jugado con estereotipos como la vampiresa o la puta. Estas estrategias son armas de doble filo, pues dan lugar a complejos malentendidos.

Se trata de un desafío a las estrategias de asimilación e integración... una suerte de "no queremos ser iguales a vos, estamos orgullosos de ser quienes somos".


Madonna -y en esto Lady Gaga es una discípula aventajada- asimila estrategias de la estética drag queen, camp y vogueing y las transforma en marketing de masas.


La música de artistas/fascistas de la imagen como Madonna o Lady Gaga, tiene una falta de textura real y swing que no se sostendría por sí misma como lo hace gracias al apoyo extraordinariamente importante de los elementos visuales y publicitarios. Las tres fueron/son estrellas perfectas de la era MTV, privilegiando el ojo muy por encima del oído. Para ser franco, a mí me gustan muchos temas de Madonna, quien a mi juicio es una artista con más sustento y erotismo que Lady Gaga.

Está claro que la música -y tanto más si hablamos de pop- hace rato que dejó de ser solamente el arte de combinar silencios, sonidos y algo para decir: también es arte de tapa, videoclips, lírica, puesta en escena, ingeniería de sonido; pero esto que digo sobre la música de Lady Gaga o Madonna no me parece aplicable al caso de un artista como David Bowie, por poner un ejemplo de artista "visual" que tiene fuerte vinculaciones con la moda. También está el caso muy destacable de artistas que hacen del videoclip una auténtica forma de arte, como Tool u OK Go.

Los pobres saben, dolorosamente, que "la plata no se hace trabajando". Y mejor aún que los pobres, lo saben los ricos de nacimiento. El problema de los pobres es que no tienen una moralidad propia, creada por ellos, para hacerla valer por sobre el resto de la sociedad. El ascetismo siempre fue una opción para los más o menos ricos, no para los pobres (igual que los movimientos anti-consumo). Los filósofos ponderaron el ascetismo cuando lo vieron como un signo de merecimiento. Como en la historia de la filosofía predominó el idealismo, más que el materialismo, el problema de la felicidad se redujo al merecimiento: ¿por qué el hombre injusto es más feliz que el justo?, preguntó Platón. Los tiempos felices -dicho con la sinceridad brutal de Hegel- son "las páginas vacías de la historia". (Silvia Schwarzböck)

martes, 3 de marzo de 2009

ABURRIMIENTO Y SOCIEDAD DE CONSUMO


“Shopping is much more american than thinking” (Andy Warhol)

Ningún crítico de la sociedad de consumo con media neurona condenaría al consumo “por sí mismo”. Necesitamos consumir para vivir: oxígeno, alimentos, vivienda... Tampoco se puede negar que en una sociedad capitalista la falta de dinero dificulta muchísimo el bienestar. Digamos que cierto equilibrio entre deseo y realización se vuelve enormemente jodido si uno no tiene un mango.

Personalmente disfruto mucho del DVD, la computadora con conexión a Internet, el placer de estar rodeado de libros y discos o disfrutando un buen asado con la gente que quiero. En este sentido, no resulta descabellada la afirmación del etnógrafo Daniel Miller cuando dice: “cuando los antropólogos trabajamos con tribus en Nueva Guinea, por ej., no tenemos problema en ver la importancia que esta gente le daba y le da a los objetos materiales, simplemente asumimos que los objetos materiales son simbólicos y que representan valores morales o religiosos para ellos. Pero al verlos en las sociedades occidentales todos tendemos a caer en el lugar común de condenarlo, cuando la única diferencia entre nosotros y esas tribus es que tenemos una mayor cantidad de objetos”.

Es evidente que le damos a los objetos valor simbólico, y que forman parte de nuestra identidad, nuestros recuerdos y vivencias. Tampoco se está diciendo que muchas de las características que les podemos adjudicar a la sociedad de consumo sean monopolio exclusivo de la misma. Para evitar confusiones, diré que de ningún modo aludo a lo que -pelotudamente, justo es decirlo- pseudo intelectuales como Alejandro Rozitchner denominan "pobrismo"; ni tengo una visión pastoral o romántica de la pobreza.

Lo que sí creo es que cierta sensación de “no sé lo que quiero pero lo quiero ya e inmediatamente”; cierta oscilación entre la ansiedad y el aburrimiento, vendría a ser un estado ya no exclusivo de la niñez y la adolescencia, sino que se está extendiendo a toda la sociedad sin distinción de edad ni estatus socioeconómico.

Parece obvio que la publicidad en los medios masivos tiende a sumergirnos a todos en ese mismo estado de “inmadurez” como sociedad que hace que en ese sentido todos seamos un poco niños que no saben del todo a dónde se dirigen pero que quieren llegar lo más pronto posible.

Como dijo Pessoa hace más de 60 años:

“La lentitud de nuestra vida es tal que no nos consideramos viejos a los cuarenta años. La velocidad de los vehículos nos ha quitado la velocidad de nuestras almas. Vivimos muy lentamente, y ésa es la razón por la que nos aburrimos tan fácil. La vida se ha tornado un campo para nosotros. No trabajamos lo suficiente y fingimos que trabajamos demasiado. Nos movemos muy rápido desde un punto en donde nada se hace hasta otro donde no hay nada que hacer, y llamamos a esto la prisa febril de la vida moderna. No se trata de la fiebre de la prisa, sino de la prisa por la fiebre. La vida moderna es un ocio agitado, un apartarse agitado del movimiento ordenado”.

¡Y DICEN QUE SOY ABURRIDO!

Daría la impresión de que ser “aburrido” es uno de los pecados mortales de nuestra sociedad (el otro sería no responder a cierto estereotipo de belleza, presión que fundamentalmente sigue recayendo sobre la mujer). ¿Cuántos menos crímenes se cometerían si no existiese un miedo tan desmedido hacia el aburrimiento?


El diálogo de conventillo es fruto, básicamente, de: a) no tener tema de conversación; b) el temor a aburrirse.


Al decir del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en su Vida de consumo:

Una de las características más comentadas de la sociedad de consumo es el enaltecimiento de la novedad y la degradación de la rutina. Los mercados de consumo descuellan a la hora de desmantelar las rutinas existentes e impedir la implantación y el arraigo de otras nuevas, con excepción de ese breve lapso de tiempo necesario para vaciar los depósitos de los elementos creados para sostenerlas. Esos mismos mercados, sin embargo, logran un efecto todavía más profundo: para los miembros adecuadamente entrenados de la sociedad de consumidores, cualquier rutina y cualquier cosa asociada a conductas rutinarias (monotonía, repetición) se tornan insoportables; de hecho, invivibles. El “aburrimiento”, la ausencia e incluso la interrupción temporaria del perpetuo flujo de novedades que llaman la atención, se convierte en una pesadilla odiada y temida por la sociedad de consumo.

(…) Los que no pueden actuar sobre la base de esos deseos inducidos, gozan diariamente del deslumbrante espectáculo que ofrecen quienes sí pueden hacerlo. El despilfarro consumista, se les dice, es el signo del éxito, una autopista que conduce directamente al aplauso público y la fama. También aprenden que poseer y consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera son requisitos necesarios para ser felices; y como “ser feliz” se ha transformado en la marca de la decencia humana y el único título merecedor de respeto, tiende a convertirse también en condición necesaria de la dignidad y la autoestima humanas. “Estar aburrido”, además de hacernos sentir incómodos, se transforma en un estigma vergonzante, signo de negligencia o de derrota que puede hundirnos en un estado de depresión aguda así como conducirnos a una agresividad socio y psicopática. (…)

Si el privilegio de “no aburrirse nunca” es el parámetro de una vida exitosa o incluso de la decencia y felicidad humanas, y si un consumo intenso es el camino principesco y principal que conduce a la derrota del aburrimiento, entonces hemos quitado todo tope a los deseos humanos: por cuantiosas que sean las adquisiciones gratificantes y las sensaciones tentadoras, es improbable que alguna de ellas nos brinde la satisfacción que en el pasado se nos prometía si “estábamos a la altura de los estándares”. Hoy por hoy no existen estándares que alcanzar, o mejor dicho, estándares que, una vez alcanzados, puedan refrendar con algún grado de autoridad el derecho a ser aceptados y respetados, y garantizar ese derecho en el tiempo”.

Otro punto que me parece curioso es el concepto de “publicidad engañosa”. ¿A qué carajo se alude con eso? Todo el mundo sabe que el marketing se basa en fomentar una necesidad que el consumidor, previamente, no tenía. ¿Cómo lograr eso sin recurrir a cierto tipo de mentira? La publicidad se torna superflua toda vez que un vendedor comercia con un comprador que realmente necesita el producto. ¿Qué es el yogurt con biopuritas? ¿Qué son los granbys verdes y azules?

Para seguir leyendo:

http://dialogandodemiconmigo.blogspot.com/2009/03/simone-weil-y-la-desgracia.html