La extrema soledad es capaz de
generar deseos que no se corresponden con el sentido común o con la realidad. ¿Por
qué percibimos en derredor nuestro tanta estupidez, tanta locura naturalizada?
Porque nos sentimos muy solos, y porque tenemos miedo. Soy inmaduro y tengo
miedo. No quiero ver a nadie y quiero que me abracen.
Ayer cumplió años una amiga y no fui a verla. Algunos me mandaron mensajes para verme porque “estás desaparecido”, “hace mucho no te vemos” y “no te cuelgues”. Tenía ganas de ir, pero apagué el celular y no fui. Soy un pelotudo. Hacía frío. Soy un cómodo. Soy un egoísta. Soy hincha de Boca y por ahora mi equipo empata sin goles con Velez. Tendría que haber ido al cumpleaños.
Ayer cumplió años una amiga y no fui a verla. Algunos me mandaron mensajes para verme porque “estás desaparecido”, “hace mucho no te vemos” y “no te cuelgues”. Tenía ganas de ir, pero apagué el celular y no fui. Soy un pelotudo. Hacía frío. Soy un cómodo. Soy un egoísta. Soy hincha de Boca y por ahora mi equipo empata sin goles con Velez. Tendría que haber ido al cumpleaños.
La literatura nace de una
carencia, y por eso está llena de infelicidad, angustia y tristeza. No porque
la vida se asemeje a una película iraní, o a un partido promedio del fútbol
argentino, sino porque a la felicidad no se la escribe sino que se la vive. “Si
fuera feliz no haría canciones, me dedicaría a ser feliz”, dijo alguna vez
Peter Hammill. “A mí no me interesa ser feliz, a mí me interesa ganar como sea”,
dicen que dijo –o tal vez pensó- Caruso Lombardi.
Me cuesta mucho escribir sin
ceder a la tentación de citar otros autores. ¿Por qué? En parte por falta de talento, o como
un homenaje a artistas que admiro, o por pereza mental... Tal vez para que no me digan “eso te lo
copiaste de fulano o de sutano”. Es posible que, al ser tan inseguro y miedoso,
necesite esconderme bajo un aura de respetabilidad y prestigio ajenos.
Uno escribe por timidez, para exorcizar
sus propios demonios, para seducir alguna mina, para entenderse mejor a sí
mismo, para comprender algún asunto complejo, para comunicar una carencia o un
deseo. ¡Para que lo quieran!
La literatura latinoamericana es,
en gran medida, hija de la pereza y el miedo: del miedo a no llegar a fin de
mes, del miedo a tener que laburar largas horas en un empleo tedioso y sin
sentido, del miedo a no ser querido, del miedo a ser querido por la persona
equivocada, del miedo a sufrir, del miedo al amor no correspondido, del miedo
al aburrimiento… El escritor que está cagado de miedo se prostituye para llegar
a la “respetabilidad”, al reconocimiento. El escritor que tiene miedo busca una
beca, quiere vender libros, intenta alcanzar el prestigio y el consiguiente
apoyo de una institución académica que le permita no tener que levantarse a la
mañana a laburar en serio. ¿Cuál es la lista de libros más vendidos? ¡Qué me
importa!
¿El crítico es un escritor fracasado?
¡No carajo! El problema es que el crítico sea un “crítico fracasado”. El buen
periodista deportivo no es un “futbolista fracasado”, sino un apasionado de su
trabajo que tiene talento y que sabe expresar lo que piensa.
¿Y qué pasa con el escritor que
no es capaz de lograr una puta beca? Su meta es el resentimiento, y ha llegado
antes. Ser escritor y parar la olla son opuestos contrarios más que
contradictorios: la solución es el periodismo, la docencia, el laburo rutinario
para escribir en los escasos ratos libres.
“¿Qué hace un político en la
cárcel? ¿Qué hace un abogado en el hospital? Cualquier cosa, menos trabajar. ¿Qué
hace, en cambio, un escritor en la cárcel y en el hospital? Trabaja. En
ocasiones, incluso, trabaja mucho. No digamos los poetas” (R. Bolaño).
Nietzsche: “no confío en esos
autores a los que se les nota que se han propuesto escribir un libro”.
En fin, se me acabaron las ganas
de escribir. Chau!
Algunos consejos que aprendió Abelardo Castillo:
-
“Si
empieza a escribir sin saber adónde va,
tal vez tenga suerte y consiga vender eso como literatura de vanguardia; si
sabe adónde va, el día menos pensado escribirá un cuento.
-
Una
palabra innecesaria puede estropear un buen cuento; una página innecesaria
estropea a un buen lector.
-
Si un
cuento ajeno le gusta mucho, escríbalo otra vez usted mismo: existen ejemplos
ilustres.
-
Nadie
escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el
que escribe el borrador más hermoso.
-
No
intentes ser original ni llamar la atención. Para conseguir eso no hace falta
escribir cuentos o novelas, basta con salir desnudo a la calle.
-
Vas a
morirte, nuestro planeta gira agónicamente alrededor de una estrella que ya
cumplió la mitad de su vida, el universo entero está condenado a desaparecer.
Si eso no te quita las ganas de ser escritor, ¡cuál es el problema!
-
No es lo
mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final.
Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final:
se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.
-
No
describas sino lo esencial. La posición de un pie, en casi todos los casos, es
más importante que el color de los zapatos.
-
Gide decía
que con buenas intenciones se escriben malos libros. La verdad completa es que
con malas intenciones también se escriben malos libros. Lo que nadie sabe es
cómo se escriben los buenos.
-
No
cualquier cosa, por el mero hecho de haberte sucedido, es interesante para otro. Esto vale tanto para escribir como
para conversar.
-
Borges
decía no tener sus propios libros en la biblioteca porque quería tener una
buena biblioteca. No era sólo una broma. Un escritor es alguien que toma muy en
serio la literatura pero no se toma en serio a sí mismo.
-
Lo que
llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: “ahí
está la ventana” que “la ventana está ahí”. En un caso se privilegia el
espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo”.
Post Scriptum: la mayor soledad la he percibido en hospitales e instituciones mentales:
http://dialogandodemiconmigo.blogspot.com.ar/2009/08/comentario-sobre-sala-de-psicopatologia.html
http://dialogandodemiconmigo.blogspot.com.ar/2012/05/visitando-mi-hermana-en-el-cottolengo.html
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Forro, te esperamos en el cumple. ¡Se notó tu ausencia! La concha de tu vida!!!
ResponderEliminarY sí, una garcha de partido como ése nos sumerge a cada rato en la introspección. ¿Quién no siente, viendo la patada de Mouche a Tobio, que nada tiene sentido? Son rachas, siempre se pasan y volverán más tarde, y en algún punto uno aprende a convivir con eso. En cuanto a vivir de escribir... Kafka era empleado de una compañía de seguros, lo que explica todo, T. S. Eliot era bancario, Pessoa traductor de correspondencia comercial, Tizón es juez, Majul es cómico... Si uno no vive de lo que escribe, probablemente escriba con menos pretensiones de best seller, lo que es bueno. Y además la calle es una buena escuela, o al menos un buen bestiario de donde sacar situaciones y personajes.
ResponderEliminarMuy pero muy piolas los consejos de Castillo.
Me encantó tu post. Me hiciste llorar. "la mayor soledad la he percibido en hospitales e instituciones mentales" también con uno mismo. No hay peor enemigo que el que está adentro...
ResponderEliminarMuchas gracias V! No sé quién sos, pero muchas gracias!
EliminarMuy buenos consejos y muy buena introducción a eso que puede ser una pretensión (si uno no se toma muy en serio) o una vanidad (si uno se toma muy en serio).
ResponderEliminarCreo que los que escriben, como vos, Rodrigo, lo hacen porque es una necesidad. El arte es una necesidad, una vía de escape para un montón de cosas que, si no, se acumulan adentro con la amenaza de hacerte explotar.
Yo todavía espero que no sea cierto aquello de que la felicidad hace malo al arte, pero cada vez más me convenzo de que es así. Lamentablemente. Digo, puta madre, a mí me gusta ser feliz, je.
Abrazo de gol.
Anonymous: tenés razón. Abrazo!
ResponderEliminarRicardinho, ¡a mí también me gusta ser feliz, la madre que la parió a la vida!!!